27 de abril de 2013

Epicureísmo, George Santayana y el poema “Cabo Cod.”


RICARDO MENA -.

I.

Varios candidatos al nombre de la edición de lujo de las obras de Santayana para la editorial Charles Scribner's Sons de Nueva York fueron propuestos. Santayana rechazó el de Avila Edition, porque dudó cómo iba a ser pronunciado el nombre por el público no español. Sugirió por su parte el de Jubilee Edition, sobre la base de que había pasado cincuenta años escribiendo las obras que esa edición de lujo compendiaba, pero este nombre fue vetado por la editorial. Finalmente, Santayana escribió al señor Wheelock de Scribner's:

¿Sería la Triton Edition el tipo de nombre adecuado? Parece insustancial, pero entiendo que todos los títulos lo son más o menos. Lo que me sugirió la palabra es que bajo mis ventanas en Roma veo la Fontane del Tritone. El Tritón, de Bernini, es bien conocido, y podría ser reproducido en la portada o en la contraportada.

Adjuntamos uno de los poemas más elegíacos de Santayana ahora, un poema que expresa en mi opinión mucho de su personalidad apartada del mundo moderno, capitalista y materialista (en su sentido peyorativo por posesivo y depredador). A la versión española llevada a cabo por los editores José Beltrán, Manuel Garrido y Daniel Moreno (George Santayana, Materiales para una utopía, MuVIM, 2009) le sucede la versión original.



II. El poema Cape Cod.

La baja y arenosa playa y el pino enano,
la bahía y la larga línea del horizonte.
   ¡Qué lejos yo de casa!

La sal y el olor de sal del aire del océano
y las redondas piedras que pule la marea.
   ¿Cuándo arribará el barco?

Los vestigios quemados, rotos, carbonizados,
y la profunda huella dejada por la rueda.
   ¿Por qué es tan viejo el mundo?

Las olas cabrilleantes y el cielo inmenso y gris
surcado por las lentas gaviotas y los cuervos.
   ¿Dónde están los muertos?

El delicado sauce doblado hacia el fangal,
el gran casco podrido y los flotantes troncos.
   ¡La vida trae la pena!

Y entre pinos oscuros y por la orilla lisa
el viento fustigando. El viento, ¡siempre el viento!
   ¿Qué será de nosotros?

The low sandy beach and the thin scrub pine,
The wide reach of bay and the long sky line,—
   O, I am sick for home!

The salt, salt smell of the thick sea air,
And the smooth round stones that the ebbtides wear,—
   When will the good ship come?

The wretched stumps all charred and burned,
And the deep soft rut where the cartwheel turned,—
   Why is the world so old?

The lapping wave, and the broad gray sky
Where the cawing crows and the slow gulls fly,
   Where are the dead untold?

The thin, slant willows by the flooded bog,
The huge stranded hulk and the floating log,
   Sorrow with life began!

And among the dark pines, and along the flat shore,
O the wind, and the wind, for evermore!
   What will become of man?

III. Eugenio d'Ors escribe sobre Santayana seis años antes de morir en Roma.

Eugenio d'Ors escribió en Roma en 1946 a los lectores españoles en su Novísimo glosarioA orillas del Tíber y entre cipreses y pinares..., a los ochenta y seis años de nacido en Ávila, me habla de su muerte con serenidad el hombre más solo del mundo, un hombre que es un filósofo, Jorge Santayana. (Limbo, Boletín de la Cátedra Jorge Santayana del Ateneo de Madrid, nº 1, 1996)

IV. Eugenio d'Ors charla antes de la muerte de Santayana, Roma, 5 octubre de 1952.

--¿Y usted me cuenta como católico? --me preguntó aquella noche Jorge Santayana.

--Sí --contesté--. Lo mismo que a Miguel Ángel.

Momentos después era yo quien le interrogaba:

--¿Y usted se siente español?

--Sí --fue su respuesta--. Lo mismo que Cristóbal Colón.

En las cartas de Santayana uno encuentra la intimidad, la sinceridad, y la pacífica dimensión de este filósofo hispano-americano. (Léase su propia confesión: Soy español como Colón lo fue.)

V.- La dimensión moral de Santayana.

Cuando su amigo de licenciatura en Harvard (clase de 1886) Henry Ward Abbot le pregunta a Santayana qué hacer con su vida, qué camino seguir, si el de los negocios o el de la filosofía o el Arte, Santayana intenta con su acertado conocimiento del espíritu humano y, por tanto, de la psicología, sugerirle algunas pautas.

VI. Primera pauta: la sinceridad del paciente.

Santayana le pregunta que le diga cómo se siente de verdad en su carta de 27 de agosto de 1886 desde Göttinguen, Alemania, donde Santayana ha ido con una beca para doctorarse tras su reciente licenciatura.

Reconociendo que la verdad puede ser, a veces, muchas veces, dolorosa y oscura, el médico del alma que es Santayana avisa a su amigo:

No pensaré mal de ti por contarme qué es psicológicamente lo que de verdad te ocurre. Sé que en el fondo de las cosas espirituales reina la oscuridad, y que en el fondo de las cosas físicas, la suciedad; pero pienso que es una cosa placentera para algunas pocas personas (y siempre las ha habido) el decirse entre sí tales cosas de un modo decente.

VII. Segunda pauta: saber lo que uno quiere en la vida.

Santayana, en la segunda carta a su amigo Ward Abbot desde Berlin el día 6 de octubre del mismo 1886, le da este segundo consejo a su desesperado amigo que se encuentra en esa encrucijada en la que todos nos hemos encontrado, más o menos conscientemente, al partir del seno familiar y emprender nuestra propia vida.

Todo lo que un hombre emancipado se pregunta es qué objetos le atraen más, y cuáles son los medios para conseguir esos objetos. El hacer bien es saber lo que tú quieres. Ahora, cuando tú no estás satisfecho contigo mismo, es porque tú vas en busca de algo que no quieres.

VIII. Tercera pauta: la parábola de la semilla de mostaza.

En la tercera carta que rescatamos para este ensayo del 1 de noviembre de 1886 desde Berlín, Santayana, recién licenciado con honores en filosofía por la Universidad de Harvard, le traslada a su confuso amigo esta parábola:

Puedo fácilmente hacer mi posición general más clara mediante una parábola. Supón a una semilla de mostaza pidiendo consejo a un roble sobre cómo debe crecer, y que el roble (siendo un fanático) le dice: Joven semilla, a no ser que crezcas hasta llegar a ser un roble y tengas bellotas serás una planta inservible e inmoral.

Y supón que además la semilla de mostaza le pide consejo también a un olmo, que le dice: Mi pequeña semilla, considérate a ti misma y estudia tu propia naturaleza, hasta que descubras qué tipo de semilla eres tú. Luego, mira por el suelo dónde crecen mejor las de tu especie, y plántate a ti misma allí. De este modo tendrás la mejor oportunidad para crecer hasta llegar a ser un árbol bueno y bello. Pero si te plantas a ti misma en un suelo inadecuado para ti, nunca crecerás, o si lo haces, vivirás con dolor y dificultades, y serás una planta encogida y débil. Aun así, si debes cometer un fallo, no te preocupes demasiado; porque al final todos los árboles son similares y todos perecen, y el tiempo pronto vendrá en donde ni las verdes ramas ni las ramas secas serán recordadas.

En la siguiente carta del mismo año y mes, añade el psicólogo a su amigo.

Si es contradictorio e hipócrita el tener gustos y prejuicios, debería abandonar la lógica y la sinceridad. Pero me parece que cuando uno ve la arbitrariedad de todos los ideales, la equidad a priori de todos los objetivos, uno puede aferrarse a los suyos propios con toda la mejor conciencia. Eso es lo que tenía en mente cuando te dije que hacer el bien es conocer lo que uno quiere.

La única obligación posible aparece cuando tus necesidades y aspiraciones son conocidas y te preguntas qué tienes que hacer para realizarlas.

El hacer lo que uno quiere siempre por el placer que se consigue con ello es conocido, muchas veces de forma peyorativa por sus enemigos, como hedonismo, al que hay que diferenciar del epicureísmo. Santayana era más epicúreo que hedonista; por eso mismo, le dice a su amigo Abbot que la diferencia entre el hedonista y el naturalista [epicúreo] se reduce por tanto a una diferencia de origen en sus observaciones. Si un hombre cree que los hombres saben normalmente lo que quieren y desean, él será del tipo hedonista: si piensa que los hombres normalmente no saben lo que desean y quieren, él será del tipo naturalista. A mí me gustan los naturalistas.” Y añade a continuación: 

“A propósito, ¿has leído alguna vez a Lucretius? Si no lo has hecho, debo aconsejarte que lo intentes. Él me llena del más grande entusiasmo y placer. Los argumentos a menudo son infantiles, pero la energía, el flujo, la magnificencia y solidez están por encima de todo.

Finalmente, Santayana le dice a su amigo por qué le gusta la filosofía y por qué quiere hacer de su vida la de un filósofo, a la manera del autor de la Ética Nicomáquea:

Pienso que las conversaciones de los filósofos son las únicas que merecen la pena escucharse: ellos vienen a ti de hombre a hombre, sobre la base de los hechos diarios de la vida. Eso es lo que hace de Aristóteles el más seguro y sabio de los hombres.

8 comentarios:

  1. Las posturas de los robles, muy abundantes, dificultan, distraen o conspiran contra la labor de los filósofos auténticos.

    Lo esencial es el respeto, escuchar y plantear y que te escuchen y planteen. Oírse uno mismo y esperar una respuesta que únicamente legitime lo que uno plantea es otra forma usual de autoconspiración.

    Excelente amigo, el poema de Santayana lo he leído varias veces, y tengo la impresión de que me acoraza frente a la suciedad del mundo y sus formas.

    Ya vuelvo por más.

    Un abrazo

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  2. Llevo años viendo como las obras de Santayana me llaman desde sus estantes en bibliotecas y librerías, para dejarme llevar por otras lecturas. Ya es hora de hacer caso a la llamada. Gracias por la reflexión y revelación, Ricardo.

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  3. El placer es todo mío, amigos.

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  4. Me ha encantado la poesía y las pautas de Santayana...

    Un beso.

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  5. volveré cuando mi cerebro se recupere de corregir los exámenes finales; por ahora, mi hija miró las uñas de mis pies enchancletados, me puso una mano en el hombro y me aconsejó ver el episodio de Family Guy (Padre de familia), en el que el perro Brian hace de profesor; pero como no suelo ver esa serie no lo encuentro. Ella está defendiendo (¡hoy domingo!) una "moción" ficticia en un tribunal (sus profesores). Me parecen cómicos los episodios que estoy viendo de FG, pero no encuentro el de Brian.

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    1. Saludos a Eduardo Antonio Hope Worrell, un ser (casi) único, un filósofo caribeño-gringo-europeo, del que aprendí a ver las cosas desde otro ángulo.

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    2. FG es una gran serie. Hace tiempo que dejé
      de verla, pero Steawie y Brian son geniales.

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