20 de mayo de 2013

El síndrome del superhéroe

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

Se le puede conocer como Síndrome del Superhéroe, del Chapulín Colorado, del Boy Scout y creo que hasta del Quijote de la Mancha. Si existe otro nombre que conozcan y transmita una sensación de ridiculez, bienvenido (aquel psicólogo que lea y termine estas líneas, lo más probable es que encuentre miles de aberraciones; sin embargo, si no dejo esto por escrito, capaz que estas letras terminen aplastándome el pescuezo).

Decía que el Síndrome recibe diferentes nombres, de acuerdo al ingenio y al período de análisis (desde 1918, coincidente con el fin de la Primera Guerra Mundial, y de 1938, con la aparición de la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster, Superman). En su descripción general, los expertos coinciden en hablar de sujetos del género masculino, de 15 años en adelante, quienes, apostando por un comportamiento noble, correctos e intachable (en esto, por enésima vez, terminaremos culpando a las madres y no me miren así; apunten sus dardos a Sigmund Freud), acaban viviendo experiencias amorosas desastrosas y cuyo epílogo -como es de esperarse- desemboca en el más absoluto abandono.

Es tal el afán de estos sujetos por desarrollar su personalidad delante de sus potenciales o momentáneas parejas que, por lo general, dejan su estela romántica en todo su accionar. Para ello solo les basta la corrección, los buenos modales y la buena fe. El resultado, tal como si se tratase de una fórmula matemática o una ley física, es el sujeto de género femenino (es decir, ella) entregándose de cuerpo entero al denominado malvado (tercer sujeto de este estudio, segundo de género masculino). Por si fuera poco, en la conversación post coito, ambos sujetos proceden a mofarse del comportamiento altruista del despechado. Es en estas instancias de maldad en que la mujer se vuelve realmente atractiva y un volcán de lujuria. Lo peor es que el héroe lo sabe y lo recuerda desde el momento en que abre los ojos (sólo si logra dormir por las noches después del colapso). 

Una manera para combatir este síndrome es acercarse al mundo del rock (si no se tiene habilidad musical, ejercer la labor de manager trae excelentes resultados), la prostitución terapéutica (no la meramente genital, por cuanto los resultados pueden ser contraproducente) y, sobre todo, al crimen organizado. Lástima que en esto último se retroceda siglos en materia de igualdad de género (si no lo creen, revisen la serie de televisión Los Sopranos y verán).

7 comentarios:

  1. En mis épocas de lectora de historietas siempre elegía al malo, no sabía por qué entonces ni ahora. Será por su sex-appeal? esa tentación de lo indebido? Como el gusto por los alfajores de chocolate y maní. Es la suma de todo y no hay una sola explicación a esa inclinación inefable. Es irrefrenable. Los malos tienen punch, fuerza, vitalidad y a la larga sabemos que ante quien sea nos servirá de escudo pues no temblará frente a ningún código ético moral para defender a la suya de señoras o señoritas de la aristocracia ni mucho menos ante sacerdotes, papás castradores ni novios autopostulados. El villano tiene mucho de héroe.
    Me encanta este escrito ♥
    Qué bueno que alertes a los lectores buenazos de este mal contado en primera persona. Hay que convertirse.

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  2. A las chicas de ahora les encantan los malitos por eso salen con puros ladrones y tránfugas de todo tipo.

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  3. A mi me gustan lo buenos, los héroes a lo clásico.

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  4. Che! Yo he sido medianamente bueno y no me ha ido tan mal. La bondad es una pose mucho más difícil de sostener ( je ).
    Brillante, Claudio!

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  5. El malo como tal es instantáneamente, fugaz, perecedero, a diferencia de los buenos que son inversiones a largo plazo y en la mayoría de los casos, son para toda la vida.

    BUENOS, A NO CLAUDICAR, NI UN PASO ATRÁS.

    Saludos.

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  6. Gracias Lorena, Alejandrita, Dulcecita, Eduardo y Luis... por su lectura atenta y por su decisión de no demandar a la justicia humana y divina a este desalmado escribiente. Un abrazo.

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  7. un escrito de los buenos

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