10 de junio de 2013

Ciega y desfachatada amiga

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Hace años las tachas que se le hacían a los jueces no eran muchas. Aunque preocupaban no tenían las escandalosas consecuencias sobre la moral pública, los jóvenes estudiantes de Derecho y los necesitados de justicia, como ahora.

Se protestaba contra el exceso de rituales donde imperaba la forma y se descuidaba lo sustantivo; y un clamor nunca resuelto reclamaba por la morosidad, el lento y paulatino retiro de los casos y expedientes, que encallaban por siglos en los anaqueles de los juzgados sin la misericordia de los ratones y las polillas.

La mentalidad, todavía sana, de la época propugnaba por la formación intelectual y jurídica de los jueces, a quienes hoy la proclividad por las palabras vacías denomina operadores jurídicos. Si: operadores. Entre opera y operaciones. Operado y barítono. Se esperaba que un juez ilustrado con la autoridad de los conocimientos fuera capaz de aceptar solo aquello que conducía a la terminación justa del proceso, el memorial pertinente, la prueba útil. O sea un juez que rescatara al Derecho del bamboleo indigno de los tinterillos.

Con los años que iban y venían sin solución la mirada sobre esta dificultad fue la numérica. Y la concepción estadística de la democracia condujo a los jueces a organizar sindicatos, forma apropiada de asociación. Cada quien se defiende como puede. En un mundo donde el incremento de los privilegios ahondaba la brecha de las desigualdades se utilizó un procedimiento legal para recabar igualdad. Costos de la democracia incipiente y sus deformidades protuberantes por el cambio de naturaleza del capitalismo.

Una vez tuve ocasión de conocer en la práctica las diferencias.

Mi profesor de antes, hoy amigo, Jorge Córdoba Poveda, me acompañó a uno de los tantos incidentes que enfrentan los funcionarios públicos y que hoy de manera tardía llevaron a uno de los niños que asesoran al presidente de la República a declarar ( los niños no dicen, Declaran: como vamos nadie aceptará ser funcionario, a menos que sea Contralor, Procurador, Fiscal o Presidente). Córdoba solicitó una prueba exacta, conducente para probar lo que se afirmaba. El juececito se la negó.

Comenté el incidente con otro maestro. Infló el pecho y me dijo: Por eso es que yo para cada hecho solicitó ciento veintisiete pruebas. Si me niegan una, quedan más de cien.

Así, de buena fe y suspicacias el sistema generó su propio impedimento. Hoy no sirve a nadie. Los ricos acuden a los Tribunales de arbitramento y los humildes, antes de morir sin recibir su derecho, afilan su machete. O algo innombrable: una máquina de coser y la nevera para un sicario que adora a su madre y reza a la virgen y elimina a la contraparte. ¡Ave María purísima!

Hasta hoy. La colaboración armónica entre las ramas del poder público: igualarlas. Si el Congreso es espurio yo me voy de navegación y acepto lisonjas de quienes ruegan mi voto.

3 comentarios:

  1. No cabe duda que la señorita Justicia espía por la venda y juzga según las fachas. La justicia de los pobres es muy distinta de la de los ricos y famosos.

    ResponderEliminar
  2. En muchas partes la justicia es ciega y también sorda, muda y pelotuda!!

    ResponderEliminar
  3. Nos han mentido desde tiempos inmemoriales, la justicia nunca ha sido ciega. La justicia está bien orientada para el lado que le conviene y eso no es obra del desarrollo especial de sus otros sentidos sino de la más vil trampa y el engaño.

    ResponderEliminar

*