31 de julio de 2013

Aventuras urbanas

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

A Usted le ocurre.

En medio de un mundo donde la lluvia de la soledad permite un paraguas roto, uno se aferra a pocos salvavidas. Neumáticos de camión de montaña, o de los taxis viejos del siglo pasado con asientos generosos y baúles apropiados para las mudanzas.

Entonces, el ánimo alerta se dispone a la celebración de las migajas que sostienen la vida. Su poderosa e indeclinable esperanza.

Sucede.

Usted conquista la conciencia apacible de haber pagado los impuestos. De portar la identificación renovada. De saber la dirección de su casa..

De repente, un imprevisto periódico, la inquietud burocrática se agita. Reordena la nomenclatura urbana. Cambia las licencias de conducción. Rediseña el formato del pasaporte. Ordena renovar el RUT, solicitar el RIT, ajustarse al POT, y así hasta el INRI final.

Usted se empecina con ingenuo deseo en ser, alguna vez, un ciudadano que acude sin intermediarios a las oficinas públicas. Que encontrará un espacio sin colas, sin malas caras, sin contestaciones dilatorias o imbéciles.

Por eso sale temprano, bañado y con los zapatos limpios. Dispuesto a atravesar las calles por las esquinas, respetar los semáforos y utilizar los pasos peatonales.

Supongamos que su trámite de hoy, ojala el último antes del acta de defunción que le tocará a otros, es el RUT. Un registro o certificado donde Usted indica cuál es la actividad que ejerce. Bien se pudo cumplir el propósito del RUT si su cédula de ciudadania es su número tributario y la declaración de renta el resumen de cuanto genera impuesto.

Pero procedemos por acumulación y a la fe de bautismo le agregamos el registro civil y al libro de registro de la propiedad le sumamos el folio real y a éste el electrónico y cuando todo está perdido cincuenta declaraciones extra proceso ante el inerme juez que copia y copia sin poder verificar.

Usted se alegra porque a las mujeres con niños de brazos y a los mayores los rescatan de las colas y les ofrecen un turno pronto y una silla. Los funcionarios hoy están sonrientes. Alguna inyección modifica el humor. Eso es bueno.

Sin embargo los misterios persisten. Usted debe llevar su documento de identidad y una fotocopia del mismo. ¿No basta con mostrarlo? Una factura, otra vez original y copia, del pago de un servicio público. Agua, energía, gas. Así lo proclama el funcionario que lo atiende con el tono de cantarino énfasis de quien transmite un conocimiento. Si Usted lleva el recibo del teléfono estará en problemas. Nadie puede convencer al funcionario de que el teléfono es un servicio público, de la misma naturaleza de los que él menciona. Y además que diablos tendrá que ver un recibo de cobro de servicios con la reiteración del RUT¿?

Usted llegará al funcionario que le dará una copia de su RUT y después de varios intentos en la máquina y de advertirle que su RUT fue revalidado de manera automática, le entregarán el papel.

2 comentarios:

  1. El estado y sus hienas son finalmente entorpecedores implacables de los buenos deseos ciudadanos.

    Kafka ya nos puso sobreaviso.

    Buen texto, estimado Roberto

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  2. Sobre un suceso tan local una narración universal! Excelente!

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