29 de julio de 2013

Relato #9.- *La Isla*.




RICARDO MENA -.


I.
A winter's day
In a deep and dark December;
I am alone,
Gazing from my window to the streets below
On a freshly fallen silent shroud of snow.
I am a rock,
I am an island.1


I've built walls,
A fortress deep and mighty,
That none may penetrate.
I have no need of friendship; friendship causes pain.
It's laughter and it's loving I disdain.
I am a rock,
I am an island.2

II.
Don't talk of love,
But I've heard the words before;
It's sleeping in my memory.
I won't disturb the slumber of feelings that have died.
If I never loved I never would have cried.
I am a rock,
I am an island.3


I have my books
And my poetry to protect me;
I am shielded in my armor,
Hiding in my room, safe within my womb.
I touch no one and no one touches me.
I am a rock,
I am an island.4

III.
And a rock feels no pain;
And an island never cries.5



Epílogo. La Isla.

1 “Deep … dark … shroud.” Esta primera estrofa delimita el campo espacial y temporal del poema-canción. La voz narradora nos indica que nos encontramos al comienzo del mundo, pues como sucede en el Génesis, antes de que Dios crease el mundo “darkness was upon the face of the deep.” (KJV Bible, 1611). Se destaca ante todo la imagen gélida y fría de Satán, del demonio, del espíritu del orgullo que epitomiza y resume con su emblema el conjunto disarmónico de este poema-canción. Además, la caída viene señalada por la palabra “shroud,” sudario, que es metonimia para la muerte recién instaurada en el Cosmos. No está de más indicar que Muzam, Lore Ledesma, et al (Plumas Hispanoamericanas, Santiago de Chile, 2013), han señalado con acierto que la prenda favorita de John Donne (el sudario) ya nos está siendo indicada sin ningún género de dudas, y que la palabra “fallen,” caído, refuerza el tema inicial: estamos en un mundo recién creado, frío, orgulloso, caído en el pecado y, por tanto, que mira a su alrededor tras la separación de una ventana (el alma) aislada que está arriba mirando “to the streets below.” El pareado final de esta primera estrofa es una alusión expresa, por inversión, al famoso dictum de John Donne de que “ningún hombre es una isla.” Harold Bloom (2011), fiel a sus disquisiciones egotistas, ha escrito sobre el particular: “Shakespeare escribió poemas y canciones mejores que—” Pero ignoremos la cita completa del catedrático de Yale y continuemos. Cierre esa ventana, Ricardo. Gracias. Prosigamos, ¿les parece?

2 Walls ... fortress ... penetrate: La segunda estrofa utiliza la imagen del castillo del alma, algo propio de la teología y el humanismo renacentista, como vemos en La Reina de las Hadas de Edmund Spenser. Y si bien en este inmenso poema de Spenser se nos enseña a abrirnos al mundo mediante una psicología enclavada en la prudencia aristotélica, la voz narrativa de este poema-canción, no obstante, nos hace recordar al romanticismo alemán propio de Shelling y Fichte: el Ego monstruoso. No me cabe ninguna duda de que una interpretación posible es que estamos ante un artista neófito, adolescente, sumido en el dolor y la depresión. Que ha sufrido los rigores del desamor recientemente, sin duda; que es un Werther goethiano, pues sí que lo parece; que es un René de Chateaubriand ensimismado y perdido en los bosques americanos. Parece un Stephen Dedalus al que se le acaba de morir brutalmente la madre y habla con Buck Mulligan en lo alto de la Torre Martello. Bueno. Bien. Eso por una parte. Prosigamos: “penetrate” vuelve a llevarnos al mundo poético de John Donne (véase su poema Batter my heart...), pues este castillo ha sido asaltado y penetrado (violado), y el dolor de la caída en el pecado no es más que su negativa a abrirse a Dios y a su amor. McCaves (2009) añade de forma presuntuosa: “Lo que más teme este aprendiz a poeta es perder su identidad; quiere decirse que no la ha encontrado aún, que no la ha sabido armonizar, pues es algo prístino y evidente de suyo que, como indica Santayana, no hay nada más sabio en esta vida que saber reírse de uno mismo.” Lo que no entiende McCaves es que existe el mal de la depresión, el mal del Homo isla,” y que solo tras pasar la prueba y haber vivido en ese lado de sombra de la utopía (Günter Grass), podemos medir el progreso. Es lo que tiene haber sido educado por Bloom: que McCaves cree que su forma de ver el mundo solo puede aceptar la felicidad y la armonía. Aún es joven para verlo. Prosigamos, ¿les parece?

3 Sobran las palabras para indicar que la voz narradora está muerta espiritualmente. Habiendo sido penetrado por el amor y violado por la pasión, ahora este castillo amurallado reprime los recuerdos (“sleeping in my memorie”) y quiere petrificarse en una roca, en algo inerte, “die,” muerto. La ironía trágica que concluye el poema-canción ya nos está siendo anunciada. La voz narradora desea el silencio, que callen las palabras, que nada lo saque de su solipsismo depresivo. Es el Silentium! de Tiútchev elevado al cubo.

4 I have my books: El poema-canción se inunda de fuerza ahora. Si en las tres estrofas anteriores la voz narradora le dice a su interlocutor que es una roca (el interlocutor puede ser un tercero que está con él en la habitación; bien él mismo hablándose, entablando un diálogo solipsista, bien el propio oyente-lector que lo visualiza desde la otra dimensión transpapelada), aquí en esta cuarta estrofa (nótese la importancia pitagórica, platónica, numerológica, teológica del número 4: redención, expiación; los 40 días que pasó Jesucristo en el desierto; los 40 años que el pueblo de Israel vagó tras escapar de Egipto) la voz narradora nos grita alzando la voz que tiene sus libros y su poesía para defenderse y vivir. Obsérvese (nos sugire Alejandrita Latorrez en una entrevista concedida para el ABCD de Dinamarca) que al haber sido violado por el amor, la voz narradora no quiere ser tocada por nadie. Lo que quiere y desea es esconderse y regresar al seno materno (“womb”). Y sin embargo, la paradoja está y reside en que (como bien señaló Maria Mayer en su ya afamado artículo para The LA Literary Magazine, 2008) estamos todos los oyentes-lectores con él, a su lado, hablando con él o bien, y esto es lo más espeluznante del poema-canción, que todos los lectores-oyentes son él, que estamos dentro de su cabeza, pasando y pensando esta pesadilla. La afirmación del poeta entonces se torna irónica y paradójica, como bien se concluyó en la charla radiofónica entablada entre el ilustre poeta Eduardo Molaro y el eminente humanista Santa Cruz G. Gary. Cito un extracto valioso de su conversación ahora. E.M: ¿No es cierto que el lector-oyente ha pensado esto igualmente alguna vez en su vida? Quiero decir: ¿Que existe esa complicidad entre la voz narradora y todo lector de que, más que una isla separada y aislada, todos estamos unidos por esta tristeza existencial? ¿Que el lenguaje y la palabra ya nos unen? S.C.G.G: Sin duda, Eduardo. Thoremus in bellum siempre, frater!

5 And an island never cries: El pareado final es contundente pues se define por su negatividad y por su regreso al tono menor triste, al modo eólico. Como Lucifer, como Satán, el ángel caído de la creación “no” quiere "nunca" más “sentir dolor” ni llorar, pero, ojo, que esto es importante (presten atención, por favor), aquí la voz narradora nos indica con su tono lánguido que va a romper a llorar en cuanto hayamos sido expulsados de su mundo enajenado, inerte, yermo y muerto. En fin. Permítanme terminar esta conferencia (ya puede preparar la última diapositiva, Ricardo) con estas palabras de Picasso a sensu contrario: si notamos en este poema que el creador orgulloso aún no está preparado para dominar su soledad e integrarse en su propia identidad creativa, es porque en realidad no es un creador genial, nato y poderoso, y que está utilizando su poesía como excusa para su incapacidad identitaria, más que para su liberación. Porque existe, ¡existe el arte solitario que nos libera!, ¿entienden? Solo que esa es la fase final, completa y madura de todo artista poderoso y convencido de que su voz es única y a la vez puede integrarse como tal en su comunidad. Como digo, concluiré con estas palabras del malagueño universal. Dijo el monstruo: 'Yo detesto a la gente que habla de lo bello. ¿Qué es lo bello? ¡En la pintura hay que hablar de problemas! Los cuadros no son otra cosa que investigación y experimento.' Muchas Gracias.

10 comentarios:

  1. Nunca leí notas al pie más necesarias que esta ;) Genial! Saliditos

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    1. Fue una conferencia estupenda. Mereció la pena: JA!

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  2. Y se agradece que lo compartas, estimado amigo. Se aprende y se disfruta con tus textos.

    Un abrazo

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  3. Gracias, Padrone.

    Al presentar este relato como conferencia sobre un poema-canción
    que critica la soledad, lo que hago es vindicar (todos amamos a Borges)
    la identidad solitaria que se incluye en una comunidad de soledades.

    Al incluir sendas referencias a nosotros y a Plumas, el relato y su lección
    se confirman por el ejemplo. La cita de Picasso, que no enlaza con el tema
    de la conferencia, es, claramente, la justificación de la misma: al hablar de
    nuestros problemas mediante el arte, aun de la soledad, esta se comparte
    mediante el lenguaje y la palabra. Moraleja: el solipsista es un impostor.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Hace rato que no recibo una clase tan magistral ( y hace mucho más que no recibo una sin dormirme, sino que - muy por el contrario - disfrutándola tanto ).
    Eso sí. Me cita usted allí y admito que dicho en su pluma suena tan inteligente que comienzo a dudar de mi paternidad sobre esas palabras.
    Un abrazo lleno de gratitud, afecto y admiración incondicional.

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  6. Tres aullidos por nuestra comunidad de lobos esteparios. Auuuuuu, Auuuuuuu, Auuuuuuuuuu.

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