13 de julio de 2013

Sello y cara: laberinto

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Después de tres meses el canal de televisión History finalizó un programa. Consistía en participar, mediante votaciones, en la escogencia de alguien para llamarlo El gran colombiano. Un programa igual se había realizado en más de quince países.

Para facilitar la selección se establecieron agrupamientos como hombres públicos del siglo XIX, arte y ciencia, deportistas, periodismo, políticos, humanidades, entre otros.

Al cabo de varias eliminatorias quedaron cinco nombres en cada una de las categorías agrupadas. En este momento se instaló una mesa de comentaristas conformada por una periodista, un director de cine, un politólogo, un periodista deportivo, y la coordinación a cargo del actor Nicolás Montero.

Es posible que los resultados que se fueron dando sirvan para conjeturar un poco sobre la compleja y nunca terminada de entender sensibilidad nacional.

La primera sorpresa fue la selección de Antonio Nariño, en su grupo. En una época donde Simón Bolívar está presente en el discurso político de la actualidad, aparecen novelas sobre él y aún quedan de las celebraciones de los bicentenarios de la independencia nuevos ensayos de americanos y europeos, reediciones de sus escritos, el hecho de no escogerlo es digno de reflexión.

Más aún el nombre de Nariño cuyo vínculo con los derechos humanos, hace pensar con optimismo en selecciones reflexivas. Pero don Antonio quedó atrás.

Pudo parecer obvio que Gabriel García Márquez sería el ungido con el título propuesto. Razones sobran aún para quienes no lo han leído. Es la figura que concita evocaciones virtuosas, despierta orgullo y su vida ejemplar de esfuerzo y logros muestra una Colombia posible.

Sin embargo estuvo cabeza a cabeza con Manuel Elkin Patarroyo. ¿Será que el miedo a la malaria no nos deja leer bellas novelas, reveladoras y hechas con nuestras miserias y nuestras esperanzas?

Asomaron cuatro mujeres, si no olvido, la Pola, María Urrutia, Chaquira, la ciclista cross. Faltaron muchas, Totó, Etelvina, Estefanía, las del Pacífico. Beatriz González, Débora, Cecilia Porras, Soledad Acosta de Samper. Virginia Gutiérrez de Pineda.

Y como ocurre en las urnas de los votos, el conejo salió de la manga. Ya no importaba Botero, Obregón, Luis Carlos López, León de Greiff, Aurelio Arturo, Álvaro Mutis, Rojas Herazo.

Por supuesto, me pregunté, qué es ser colombiano¿? No repetiré el lugar común de Borges. Aún no hay respuesta. Me gusta la aproximación de Obregón: un revuelto de gentileza y violencia.

Sé que a los historiadores no les gusta la idea que atribuyen al desaliento de catástrofe de los artistas. Según ella la nación no está terminada de fundar. Pero, qué justifica que con porcentajes de desgano quedaron al final, Jaime Garzón y Álvaro Uribe.¿?

Entonces el ignorado pasado se vuelve la ausencia presente de nuestra historia y nos tiramos a vivir en las breves horas del cemento fresco.

2 comentarios:

  1. Qué orgullo me produce que el gran argentino haya sido el General San Martín.
    El programa no está mal pero es un show destinado a cierto grupo social, a no olvidarlo.

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  2. Qué desacierto postular a políticos contemporáneos, al final el programa termina siendo usado de la forma más deplorable.

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