19 de agosto de 2013

La otra coca

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Hablaba ayer con mi padre, tratando siempre de recolectar memorias de un mundo que se va con su generación, tan rico para comprender nuestro presente y olvidado con negligencia por los jóvenes. Las distracciones modernas son tantas que casi no hay tiempo para mirar atrás, pero de qué modo entender fenómenos como Evo Morales & Cia. sin indagar en el pasado.

Nuestra conversación versó sobre los yungas de Arepucho, en la región de Totora, a raíz de cierta mención mía de los de Vandiola, Tiraque. En tal monte, el de Arepucho, se escondió Francisco Javier de Aguilera, gobernador de Santa Cruz, vencedor y ejecutor de los héroes Manuel Ascencio Padilla e Ignacio Warnes en las batallas de La Laguna y El Pari respectivamente, de donde salió hacia Vallegrande en 1828 para ser derrotado y fusilado.

Recordamos también que Arepucho hace de escenario en la primera novela de Augusto Guzmán: La sima fecunda (1933), donde su personaje leía a José Eustacio Rivera y a Pierre Loti entre la maraña del machuyunga, mientras buscaba en la aventura y la introspección respuestas al futuro patrio.

En septiembre del 2006, Evo Morales, Quintana, a modo de congraciarse con la embajada norteamericana en cuanto a la erradicación de cocales, lanzaron una ofensiva contra aquellos del yunga en Vandiola, cuna, según los expertos, de las plantaciones más antiguas de coca del continente, con antecedentes que llegan hasta Huayna Capac y Tupac Yupanqui, con mitimaes yamparas trasladados para el cuidado de la hoja del Inca. Estructura -como toda la existente- que aprovecharon los españoles para continuar lucrando del productivo negocio.

Morales, obviando la cháchara ambientalista e indigenal –lo sigue haciendo-, se enfrascó en la destrucción de la herencia histórico-cultural de la coca en Vandiola, con ayuda de helicópteros venezolanos, arrasando frondas de árboles de escasa producción de hoja ya, altos hasta de 5 metros y diámetro de tronco de alrededor de 10 centímetros. Hablamos de bosques de coca, no de arbustos, que se dice contaban con 200 años de existencia. Ataque artero, añadido al asesinato de dos comuneros y dudosas acusaciones de narcotráfico, en contra de un patrimonio boliviano y continental. No era coca que iba al narco, sino de acullico, que del trópico de Arani, Tiraque, Totora, Pocona y Pojo, salía desde antaño hacia las regiones mineras y el consumo local a lomo de mula o en hombros, a Epizana y Totora, por las herraduras de Monte Puncu y Sehuencas; hoja que fundó fortunas en tiempos de la república oligárquica y reportó buenos ingresos al erario cochabambino mediante su impuesto.

En 1975, mi primo Gonzalo Ferrufino me propuso un viaje a pie desde Tiraque, atravesando Vandiola, hasta Villa Tunari. Nunca lo hicimos. Deseábamos recorrer el territorio que nuestros antepasados, su abuelo y mi abuelo, aparte de tíos y demás parientes, habían cruzado en actividades de rescate de coca a principios del 900, o, como Cecilio Ferrufino y sus hijos Rómulo y Armando, en la aduana de la coca de Santa Rosa, en pleno corazón del yunga. Hoy sería un viaje suicida. Lástima, porque si pensamos en el potencial turístico de ese vértice que forma la primera sección de la provincia Tiraque hasta Sinahota (ya perdida) al norte, o echándose a oriente hacia Arepucho, u occidente rumbo a Paracti y Locotal, nos daríamos cuenta de cuánto desdeñamos. Ingresos menores al de la droga, cierto, pero sin secuela exterminadora.

He llamado a la coca “hoja maldita”, apoyado en ello por no menos que Ernesto Guevara, dada su funesta utilización como medio de explotación y dominio en la Colonia y su rol actual, pero reconozco que, ya inevitable el pasado, la tradición milenaria (inexistente en el Chapare) del cultivo en las cabezas de monte de los valles cochabambinos debe considerarse patrimonio histórico inviolable. Tal vez sea tarde; ya cortaron con sierra las troncas de mamacoca y machucoca que nos ligaban al pasado.


16/08/2011
Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 19/08/2011
Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 22/08/2011

Imagen: Erradicación de los machu coca y mama coca en Vandiola

3 comentarios:

  1. Excelente crónica... nuevas perspectivas para que conozcamos nuestra propia historia. Tan cerca que estamos y que ignorantes somos de esta historia y cultura del país hermano y vecino. Mal por el compa Evo, en todo caso....

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    1. Sí, Claudio, mucho escondido estando tan cerca. Incluso para nosotros mismos, bolivianos. La coca antigua es casi desconocida en el país. El fenómeno global del narco le ha arrebatado la historia, que camina mucho más profundo que la producción actual de narcóticos. El gobierno de Morales no se diferencia de sus antecesores neoliberales, fascistas, o cualquier mote que se les eche encima. El juego del poder y del dinero son más fuertes que cualquier discurso inventado en las universidades europeas y endilgado, en otra forma de colonialismo, a ciertos dirigentes nativos que lo utilizan para crear un nuevo feudo con mucho más peligroso porque anda disfrazado. Las culturas ancestrales, la naturaleza, las libertades, jamás se han visto tan amenazadas como hoy. El mundo parece no verlo, pero algunos lo sabemos. Los circos son distractivos y se convierten en realidades hasta que devienen en tragedia.

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  2. Otra mira, otro punto de vista disficil de contemplar desde mi postura que abraza a los nuevos líderes de sudamérica. Más allá del pasado nos queda construir un nuevo presente y futuro, tal vez entonces queden las cuentas saldas incluso con el rol cultural de la coca.

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