10 de agosto de 2013

La tertulia

CONCHA PELAYO -.

Su conversación es fluida, inteligente, simpática. A su lado el tiempo corre sin enterarse, sin bostezos. Es de esas personas que acapara la atención cuando comienza a hablar. Estoy refiriéndome a un buen amigo actor, ahora en paro, que me acompaña para ir a Benavente a participar en la Feria del Libro. Salimos de Zamora destino Montamarta para dejar mi coche allí y subir al de Charo ya que el mío es una pijotada de dos plazas, cómodas, y otras dos en la parte posterior para enanos. Antes de llegar a Montamarta, como siempre, me perdí por las dichosas autovías. Tuvimos que retroceder y recorrer diez kilómetros más de la cuenta. Ya en Montamarta Charo nos esperaba pacientemente. Subimos Manuel y yo a su coche y nos dirigimos a Benavente, a la feria del libro. Charo presentaría sus últimas publicaciones y yo las mías. Manuel Fadón, un actor como la copa de un pino, me acompañaría para recrear una de las escenas de mi obra de teatro.

Ya lo hemos hecho otras veces no nos queda nada mal. Manuel tiene mucha experiencia pues se ha dedicado al mundo del cine y del teatro. Hoy día, las cosas están tan mal que hace lo que puede, lo que le encargan. Lo mío es pura amistad, no hay ningún interés de por medio. Manuel tiene dos hijas colombianas pues contrajo nupcias con una miss colombiana hace ya bastantes años que conoció, precisamente, cuando estando él en Bogotá rodando una película las mises colombianas desfilaban por la pasarela en el mismo hotel donde se encontraba. Él que tiene mucha labia conquistó a la miss y se casaron. De aquello quedaron las dos hijas pues la colombiana le abandonó y todavía se casó otras dos veces más.La colombiana, claro. Manuel habla y no calla. Dice que le encantan las mujeres latinas porque tienen un temple que a él le va mucho. Dice que le atrae el mundo de las prostitutas porque sabe que son mujeres desgraciadas de la vida y porque “ese trabajo” –dice- es como otro cualquiera. A Manuel le prometí que algún día le haría un monólogo, pero aunque lo empecé lo deje por ahí, por las carpetas de mi ordenador. Le he pedido disculpas pues no estoy muy inspirada últimamente. No te preocupes, me dice, ya tengo yo escrito algo y ya tengo, incluso, una sala en Madrid para estrenarme. Manuel es un tipo con un rostro de cara antigua que decíamos mis amigas y yo cuando éramos niñas.Un tanto picasiano que dirían otros. Tiene cara de cromo, la nariz un poco ladeada y un bigotito que no lo es, pero que parece que corona suavemente su labio superior. Es chulesco y altivo, prepotente. Él se ve feo a sí mismo pero Charo y yo le decimos que la belleza del hombre no preocupa a las mujeres, lo que preocupa y en lo que se fijan es en lo que tienen dentro de su sesera: cómo piensan, cómo hablan, cómo puede ser su conversación, su sentido del humor. Ese es el interés que perdura, porque los guaperas, decidimos, son un rollo macabeo. Los guapos sólo piensan en peinarse, en mirarse al espejo y en lucir su palmito. Que no, que no nos van los guaperas. Ya en Benavente, nos dirigimos al lugar donde estaba instalada la feria. Hicimos nuestro trabajo que consistió en hablar de nuestra trayectoria literaria, recitamos poemas y recreamos una escena de La Muerte de los Cartones. Por la tarde, tras la comida, -este año están las cosas tan mal que ni siquiera nos invitaron al almuerzo- pero no importó, todavía tenemos para darnos algún caprichito. Después, en el Pub de Carlos nos reunimos un grupito de gente para participar en la tertulia literaria que estaba programada. Allí nos encontramos con un escritor benaventano, un dandy de muy buen ver y cultísimo que habló de Homero, de diosas, de señoras ricas catalanas que lo contratan para que vaya a recitar a casa. Se hicieron muchas bromas al respecto. Contó que un día lo invitaron seis señoras, seis, a una casa de la Diagonal de Barcelona y estuvo recitando toda la tarde. Tiene una voz radiofónica, preciosa. Me dijo que hace dos años, cuando coincidimos en la feria, (yo no lo recordaba) cuando terminó de recitar yo le dije que nunca había oído a nadie recitar como él. La verdad es que es un lujo oír a este profesor de literatura en Cataluña que imparte sus clases en castellano. Ha debido ganárselo a pulso. Sacamos a relucir a los hombres más notables de Zamora como Agustín García Calvo, Claudio Rodríguez, Hilario Tundidor. Cada cual contó las anécdotas que sabía. Yo les referí el entierro de Agustín al que asistí. Se quedaron sorprendidos al saber que había cantado Amancio Prada mientras las paletadas de tierra iban cayendo, con un ruido sordo, sobre la caja.

3 comentarios:

  1. Aunque de fondo se oyen los sones de una profunda crisis, la amistad y el arte no salen dañados. Excelentes descripciones de personajes y situaciones.

    Un fuerte abrazo mi querida Concha.

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  2. Un relato tan dinámico que da la sensación de estar participando en la tertulia. Que bueno poder leerte de nuevo por acá, Concha.
    Saludos y abrazos!

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  3. Personalmente no creo que ni las mises ni las prostitutas sientan como la gente que vive vidas comunes y corrientes, son experiencias distintas que hacen personas completamente diferentes, esa visión de los hombres es tan machista como limitada y siempre me da risa oirla.
    Interesante encuentro.
    Saludo

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