16 de septiembre de 2013

Muchas gracias, vida

ENCARNA MORÍN -.


Iba rauda a hacer una gestión cuando he tropezado con una pareja que caminaba en sentido contrario.

-¡Pero cuanto tiempo hace que no te veía! -me dice el señor-

Y esa cara me resulta familiar, pero no lo ubico. Como últimamente, mi antes prodigiosa memoria, me da alguna que otra sorpresa, opto por ser sincera.

-Te conozco de algo, pero ahora estoy un poco despistada.

-Claro, es que nosotros cambiamos más que ustedes. Tú eres la misma, estás igual. Fuiste mi profesora de Ciencias Sociales en el colegio Aragón.

-Recuérdame tu nombre -le digo al tiempo que empiezo a comprender-

- Juan Carlos Mendoza Rosales- me dice en el momento en que nos abrazamos-

Su carita está ahora intacta en mi memoria. Hasta soy capaz de recordar el pupitre en el que se sentaba. No abrazamos efusivamente al tiempo que insiste en que soy la misma, que me “conservo” pero muy bien. En realidad es todo un piropo ya que por entonces yo tenía veinticuatro años. Le cuento que soy abuela y me dice que recuerda a mis niñas pequeñitas, cuando me acompañaban al colegio. Le digo que tengo un hijo adolescente de catorce años y se sonríe con cara de sorpresa.

-Recuerdo muchas cosas de ti, muchas. Pero sobre todo aquellos cuadernillos que nos dabas en sustitución del libro de texto. Todavía te veo explicando Egipto y Mesopotamia. ¡Y cuando nos llevaste de acampada al barranco de Azuaje! No me olvido de aquella experiencia ¿Pero cómo te atreviste a ir con todos nosotros de acampada?

De pie en medio de la acera, hablamos a borbotones. Estuvo a punto de ser economista, pero no terminó estudios y se hizo profesor de autoescuela. Luego le dio por emigrar a Londres y comenzó de chofer en la línea de buses de la cuidad, para más tarde convertirse en inspector y al poco en organizador de su línea. Aquel niño es ahora un hombre importante.

-Soy feliz en Londres, me gusta esa ciudad para vivir. Incluso tengo mi propia autoescuela. Y una vez al año vengo a Canarias y me alojo en casa de mi amiga Soraya -y me la presenta-.

-Búscame en Facebook, yo no entro mucho pero me podrás encontrar fácilmente por mi nombre y mis dos apellidos.

 Nos despedimos y me deja el sabor dulce de la mirada retrospectiva en mi vida profesional, sintiendo que hay cosas que no se pagan con dinero.

Se despide muy cariñoso, yo más, muy orgullosa de él. Creo que además del Neolítico, las Sociedades Esclavistas o cualquier otra cosa, él habrá aprendido de mí a ser cercano y afectivo. Según la ley de educación de aquel momento, los chicos permanecían en las escuelas hasta octavo. Salían al instituto con catorce años.

He ido a hacer mis gestiones y una vez en casa me he puesto a buscar su perfil en Facebook, para comprobar que sí, que los años implacables han pasado por mí. He olvidado de nuevo su primer apellido. Quizá me venga mañana a la memoria, o puede que nunca más lo haga. Y no es fácil que me vuelva a tropezar con él. Pero hoy ha sido un hermoso día. Juan Carlos, que andará por los cuarenta y cinco es un lindo ser humano. Y si he puesto aunque sea un granito de arena para contribuir a su crecimiento… puedo afirmar que me pagan por hacer un trabajo que me divierte y me regala flores como este encuentro de hoy a media tarde.

 Fotografía: Kristhóval Tacoronte

3 comentarios:

  1. "Aquellos cuadernillos...." Es una forma de recompensa y una felicidad muy íntima el saber que ocupas un lugar tan grato en la memoria de otro, que has contribuido en alguna medida a su formación, a ampliar su mirada de mundo, a que sea una mejor persona.

    Hermoso relato, querida Encarna.

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  2. Finalmente he recordado su apellido (sorpresas me da esta memoria). Habrán pasado miles de personitas por mi manos en mi larga trayectoria que ya viene a contabilizar treinta y siete años. De todos ellos conservo algo... de muchos he aprendido tanto. A todos les he dado mi respeto y mi cariño. Ese ha sido mi legado. Supongo que habrán pasado el testigo.

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  3. Anónimo23/9/13

    Thank you very much indeed Mrs Encarna.

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