6 de octubre de 2013

Moctezuma, el último


CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

A fines de septiembre el Museo Británico inaugurará su exhibición "Moctezuma, Aztec Ruler", dedicada al último emperador azteca, aquel sobre el que pesa la sombra de la traición.

La idea de la muestra es la de revertir esa -tal vez- errónea interpretación de la historia. Los cuadros españoles mostraban a un rey mexica solícito con sus captores, mientras que pinturas nativas algo posteriores lo describen cubierto de cadenas y paseado ante su grey como un cautivo. Ambigüedades que España supo manejar a la perfección: primero desprestigiarlo con un ávido repertorio artístico-ideológico, y, en realidad, humillarlo para desmitificar su corona y su divinidad.

El Financial Times describe "Moctezuma" en un extenso artículo donde el gobernante es "el primer americano". Penosa carga para quien se enfrentaba a un mundo desconocido en su totalidad, a hombres cuyo poder tecnológico superaba con mucho la magnificencia y ornamentación de su reino, del Tenochtitlán que parece extraído de un libro de magias -a través de Bernal Díaz del Castillo- y cuyo edificio de naipes se derrumbó con el soplo furibundo de una banda de valientes aventureros, quienes supieron aprovechar la verticalidad del imperio azteca, cuna de descontento y rivalidad, y utilizar a circunstanciales aliados indígenas para poner a los mexicas de rodillas.

Acusar a Moctezuma de haber entregado su dominio a España puede ser exagerado. Según Bernal, Moctezuma era un inteligente patrón, en tiempo aciago. Cuando el cronista relata que sacerdotes vestidos de blanco y con las greñas ensangrentadas (de víctimas) se aproximan a los soldados con sahumerios, para supuestamente echarlos del reino, la mística nativa sufre un profundo revés. Los castellanos no se irán, nunca se irían, y ni la hechicería local -ni el espanto- alejarían a los invasores. El gobernador de la capital magnífica sobre el lago, tendría en las espaldas evitar la destrucción de su pueblo. El tlatoani -el noveno- sin duda concedió a su mente la idea que se venía el fin. Y trató de preservar, incluso con un fallido complot, la facultad de su reino. Pero no hay imperio, ni gobierno, que utilizando la coacción como sustento pueda conservarse incólume. En las grandes diferencias de castas del México antiguo, como del Perú, dormía el principio de la destrucción. Le cupo a España el papel de ejecutor, como lo hubiesen sido Portugal, Francia, Inglaterra u Holanda. Los reinos indios sufrían su condena desde su inicio, por la estructura de sus sociedades que ya, en la maya, y sin necesidad de conquistadores foráneos, mandó a tamaña civilización al olvido.

Lo interesante es que mediante la representación de este trágico personaje, nos enfrascamos en una historia que es tan vieja como nueva. Hoy que los pueblos nativos bregan y consiguen un espacio en una historia que también fue y es suya, los nuevos descubrimientos ayudan a desenmascarar las lagunas de la narración cronológica. Hay en toda esta prehistoria una dinámica admirable. La irrupción de estudios novedosos, una forma diferente de mirar e interpretar los acontecimientos, tienen que traer ideas y descripciones que compitan, difieran y superen a las anteriores.

Quizá el posible desenterramiento de la tumba de Ahuitzotl, predecesor de Moctezuma, acontecimiento que será notable, eche más luz sobre la vida mexica. Comprender el pasado tal vez libere de culpa a este desgraciado rey de un período transicional.


15/08/09
Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), agosto 2009
Imagen: De la exhibición en Londres

1 comentario:

  1. Acertado análisis, estimado Claudio. Lagunas, silencios, idealizaciones, ideas fuerza contextuales, torceduras oportunistas, interpretaciones sobreideologizadas, comprenden parte de las escaramuzas distractoras de la historia. A menudo, cuando confrontamos directamente las fuentes, percibimos que cuanto aprendimos previamente no eran más que un conjunto de errores.

    Un abrazo

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