26 de noviembre de 2013

Michelle y el triunfo con cronómetro

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

En el triunfo o en la derrota. Aunque suene raro, ella sí sabe de esta última. Como cuando intentó ser concejal de la comuna de Las Condes y no anduvo ni por los palos. Qué vecino de buen vivir votaría por una socialista de pelo corto y teñido, lentes y delantal, que pitutea dando consejos en una revista para niñitas adolescentes. Ella siempre en actitud serena y contemplativa. Guardando para sí sus impresiones. A lo más frunciendo el ceño y poniendo la boca hacia el lado en señal de molestia o incomodidad. Haciéndose cargo de las colas de los consultorios como Ministra de Salud (mientras los médicos especialistas brillan por su ausencia y las listas de espera crecen como maleza) o subiéndose a un tanque como Ministra de Defensa para que le perdiéramos el miedo a la milicia (difícil, muy difícil). “Soy una candidata seria”, responde ahora. O bien “este tema lo estamos estudiando”. Y hasta el “lo informaremos en su oportunidad”. Sacará lo mejor que tiene adentro cuando vuelva al gobierno. Eso dicen, al menos, sus fieles seguidores, esos que responden al nombre de bacheletistas. Los hay de todo tipo, tamaños, colores. 

Mujeres emancipadas, otras que aspiran a serlo. Dueñas de casa reflejadas en los cristales de sus lentes. Socialistas nostálgicos del Estado empleador. Amantes de las libertades públicas. Antiderechistas viscerales que la consideran el único salvavidas antes que prosiga el terror. Niños y niñas guachos, cuicas y cuicos progres. No dice nada porque no tiene nada que decir, alegan sus detractores. En su mayoría derechistas ortodoxos, amantes del libre mercado tanto como del rosario. Guardianes de los valores a decir basta. ¡Valores! Violentados con el giro a la izquierda que amenaza dar el más probable gobierno que se viene. Más encima separada, madre de hijos de padres distintos, hija de milico, se viste mal, no tiene cuello, con sobrepeso, no da el ancho, amiga y amante de terroristas, su título de médico es falso, le gustaba la Alemania Oriental y el Muro de Berlín, es la carta tapada de las Fuerzas Armadas. Cuando se acaban esos “argumentos”, vienen los insultos de la peor ralea. Ganó hace unos años la Presidencia con ese mismo gesto discreto. Agradeció con reverencia oriental y la mano en el corazón el apoyo recibido desde la testera del Congreso Nacional. Vi decenas de mujeres en las calles luciendo una banda presidencial de juguete que se vendían en todas las esquinas del barrio cívico. A quien las cuestionara, lo llamaban “machistas, misógino y cavernario”. Michelle es una socialista de línea dura, militante disciplinada y de cuadros. Detesta la casta de señorones que dirigen los partidos políticos que la acompañan. Inclusive el suyo propio. Los soporta cuando se trata de administrar el poder, pero a distancia. Tiene, eso sí, amigos de años, a los cuales les guarda fidelidad y con los que comparte su pasión por el cine de Ettore Scola. Pobre del que diga “gordis”. Ella responderá: “Me llamo Michelle”. ¿Alguien conoce algo peor que la molestia silenciosa de una madre? Gobernó con cientos de contradicciones. Quiso renovar sus huestes y debió ceder a la presión de reclutar viejos tercios. Los estudiantes alzados –y hoy traicionados, furiosos, transformados, adocenados- le hicieron tambalear su gabinete hasta tumbarle un ministro. La derecha celebraba esta subversión, pero no demasiado. Ella y Michelle no prestaron atención a la demanda de educación gratuita. ¿Razones? Algo que nuestro país aún no puede solventar, es ayudar a los más ricos, es atentar contra la libertad de enseñanza (lo mismo decían antaño, cuando se discutía en Chile la ley de Instrucción Primaria Obligatoria). Michelle convocó a decenas de comisiones, cuál de todas más inoperantes. Instó a la participación y tuvo como resultado la llegada a La Moneda de quienes aún reivindican el legado de los asesinos de su padre, un general de la Fuerza Aérea. Pero con un importante detalle: los lideraba un empresario acartonado, millonario, antipinochetista, figurín, competitivo, de cuna demócrata cristiana que, cada vez que podía, la besuqueaba a la fuerza para hacerse el simpático. Sin resultados eso sí. Un terremoto y un tsunami –con la cual intentan, una y otra vez convertirla en una suerte de genocida chamánica- lograron despercudirla mucho más que la inevitable sucesión en el poder de los nostálgicos del 11 de septiembre. Se fue del país. Estados Unidos como destino en un cargo internacional. Que no se pronuncia sobre nada, que es muda, que no se hace cargo de sus huérfanos ni de los muertos. Pero sí lo hizo. Volvió. Habló lo que quiso. Poco, pero lo suficiente para revolver el gallinero. Educación gratuita, más impuestos y nueva constitución. Para eso una nueva mayoría. Con los comunistas y todo el resto que quiera subirse al carro. Chile de nuevo en la lógica de hace cuarenta años: un galeno de gafas que traerá el caos, el retroceso y la pérdida de todo lo que hemos ganado. Los más ultras no le creen y protestan: ¿por qué hará ahora lo que antes no hizo? No la dejaremos gobernar tranquila, claman. A la luz de la última elección, sus fieles no se tragaron la campaña del terror ni la apatía. Inclusive uno que otro amigo empresario ha salido en su defensa. Ella da confianza y le creemos. Palabra de “chupasangre”. No me ayude tanto compadre. La derecha con una de sus peores campañas –en contenidos y resultados- desde la caída de Augusto Pinochet. Apelando a los argumentos más instintivos y egoístas: ¿Acaso una nueva constitución hará que usted no tenga que salir a trabajar? ¿Acaso no sabe que si se renacionaliza el cobre ningún inversor extranjero pondrá un peso en este pobre país y habrá desempleo y miseria? Todas las familia chilena muriéndose de hambre. Política de compartimentos estancos, donde cada uno se salva el pellejo, invocada por la voz amarga de la señora Matthei. Votar en la medida que el resultado lo beneficie. Si no, mejor quedarse en la casa, salir de vacaciones, ir de compras al mall (¡Pero está cerrado! Feriado obligatorio. Medidas comunistas para que la gente no trabaje, alentados ahora por esta mujer sin Dios ni ley. Luego vendrá el matrimonio entre homosexuales y la adopción de hijos, la legalización de la droga, asamblea constituyente y el desbande total). A frenar proyectos colectivos que suena a patota, choclón y estatismo. Aun así, sin que aparecieran todos los convocados, fue suficiente para obtener una ventaja que parece irremontable para su competidora. Sus huestes no bajarán los brazos en los días que restan de campaña. Sus partidarios, de seguro, saldrán de nuevo de sus madrigueras. Bachelelismo bacheletista para hacerle frente al racimo de problemas que se viene. No son pocos ni sencillos. Creemos que ganará en esta segunda pasada, pero no será gratis. Hay un grupo herido y violento, histérico y de malas artes. Otro callejero, belicoso, desconfiado y petulante. Si no es la cortapluma, el estoque y el gargajo, será el chantaje, la extorsión y el lobby. Sin olvidar a los miles chilenos abusados bajo argumentos de seguridad nacional. En el pasado, le creyeron una y otra vez a la mano protectora del Estado (esa mano que no llegó o apareció con el puño cerrado), pero ahora se les colmó la paciencia. Si los ultras de los extremos los cooptan, madre mía ¿Cómo saldrá Michelle de todo aquello? Con su semblante serio a ratos, contemplativo en otros, dulzón, las más de las veces. Ojalá que sin el fantasma de Pirro.

1 comentario:

  1. La campaña del terror no surtió efecto en la primera vuelta. ¿ A que apelarán en la segunda los " Pirromaníacos"?

    Saludos

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