El fin de un mundo

GONZALO LEÓN -.

El genio y la diosa fue publicada por primera vez en 1945, es decir cuando la guerra estaba a punto de concluir o ya había concluido, y marcó el regreso a la novela de Aldous Huxley después de su éxito, Un mundo feliz (1932). Si esta novela especula con el futuro, El genio y la diosa –reeditada recientemente por Edhasa– habla del pasado, del fin de una época, a través de la historia de un trío, compuesto por un genio (el científico Henry Maartens), una diosa (su “casi” devota esposa, Katy) y John Rivers (el joven asistente del genio). La trama, guiada por los ojos de Rivers, muestra cómo este joven va perdiendo su inocencia y, junto con ella, la inocencia del mundo que le tocó vivir.

Pese a que la infidelidad es evidente, no se trata de la infidelidad de la diosa, sino de la infidelidad del relato, del cómo nos contamos las cosas y de cómo la realidad se volverá poco inocente. En el comienzo de la novela, un viejo y desilusionado Rivers conversa con un escritor sobre un libro de reciente aparición, La vida de Henry Maartens, y Rivers manifiesta que los hechos que narra el libro “no fueron tan sencillos” y agrega a modo de explicación: “Tal vez la realidad total sea siempre demasiado ruin para que quede constancia de ella, demasiado carente de sentido o demasiado horrible para exponerla tal cual ha sido”. Inmediatamente después Rivers se larga a contar su versión de los hechos, o cómo el genio y la diosa dejaron de ser lo que eran, y pasaron a ser un enfermo-dependiente y una adúltera-demandante.

El genio y la diosa se para desde el presente para indagar en el pasado y volver a mirar desde ese punto lo que sucederá, ese “cómo no lo vimos venir”. En este sentido se trata de una novela que retrata el fin de una época, comoPadres e hijos, de Turgeniev, como algunas novelas de Scott Fitzgerald, y si Ian McEwan hubiera tenido el coraje de mirar hacia atrás, como Chesil Beach.

Publicado en Suplemento Cultura de Perfil

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