5 de enero de 2014

Odios y hechos

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Es un destino, empujado por la magia o la retórica, el de ciertas frases oídas de oreja en oreja o leídas en el azar de revistas y periódicos. Algunas de ellas perduran por la articulación con la historia que propició su pronunciamiento y su radiografía de la ocurrencia, por lo general desgraciada. Los años las convierten en conjuros para escrutar.

Así dos de Darío Echandía.

Para el recuerdo de estos años sin memoria distinta a la del sufrimiento de los despojados, Echandía fue un jurista joven traído por López Pumarejo ( ¿y ese quién es?: el reformador de 1936. ¿Y ese año existió? Si, y aún pesa en nuestras vidas) para que interviniera en la estructura constitucional que le quebraría unas vértebras al autoritarismo desesperado del pensador de El Cabrero. ( El pensador fue el autor de la carta de 1886. Se llama Carta a las Constituciones porque es el mensaje de convivencia de las Constituciones Políticas).


Echandía vino del Tolima. De sus llanuras ardientes y rebeldes donde bandidos y guerrilleros acogieron una idea romántica de la revuelta y otros se hundieron en senderos de civilización ilustrada, como Echandía, Antonio Rocha, Reyes Echandía, Gómez Méndez.

Las dos frases: ¿El poder para qué?

La democracia colombiana es un orangután con saco leva.

La primera, entre el llanto, las llamas, de abril de 1948, no ha sido entendida y pronto habrá que ocuparse de ella.

La segunda pronunciada en medio de un gobierno liberal, estatutos de seguridad, caballerizas militares de cárceles, bailoteos en Cúcuta – después de los temblores- fue escondida sin reflexión sobre su justeza.

Orangután. Circo o King Kong enamorado de su poder.

Esta deformidad es la que ha surgido con su desvergonzada verdad con motivo de la sanción al Alcalde Mayor del Distrito Capital de Bogotá. Y lo que no nos gusta a los colombianos es que tracemos la línea que anuda nuestras desgracias y oprobios. El desnudarse del orangután, incómodo con sus prendas de baile de disfraces.

La montonera de leyes que se han aprobado, con trampas y sin trampas, nunca tuvieron la vocación de ser cumplidas. Nos interesaba la máscara que permitía el aplauso de quienes, desde fuera, no sentían el calor del infierno. País de leyes. Innumerables elecciones. Los muertos contentos con la vida aún votan.

Esa red absurda y sin sentido de normas inocuas es la que convierte en delito disciplinario un concepto: la libre empresa. Incluir en la libertad a los recicladores es delito. Un sacerdote del Brasil lo dijo: cuando bendigo a los ricos, soy santo. Cuando ayudo a los pobres soy comunista.

Un Alcalde anterior puso bolardos porque los dueños de automóviles tomaron las aceras de los paseantes para estacionar. Y expropió un terreno verde para un parque porque lo verde para los propietarios solo sirve al golf.

En esa tensión estamos. ¡A la calle pues!


En Baúl de Mago- El Universal (Cartagena de Indias)
Ilustración: Rrose

2 comentarios:

  1. Nos acostumbramos a darles demasiado poder a estos parásitos, les dejamos los espacios libres para que hicieran de las suyas, para que se creyeran importantes y hasta promulgaran sentencias del buen vivir. Hoy debemos recular y quitarles todos esos espacios. De aquí en adelante que se los gane el que éticamente se los merezca.

    Excelente escrito, estimado Roberto. Saludos cordiales.

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  2. Gusto leerle, atenta siempre a sus escritos tan interesantes. Saludos!

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