21 de febrero de 2014

La inocencia

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Una noticia del jueves 19 de febrero de 1914, hace la bicoca de cien años, advertía que Cartagena de Indias debía acondicionar los balnearios. Se indicaba la construcción de dos estaciones para baños de mar: una para mujeres en el Boquetillo. Otra para hombres cerca de Santo Domingo. El admonitorio final me hizo reír. Con esas obras Cartagena podría merecer el título de ciudad civilizada. Apenas.

Es de suponer que a otras ciudades, Manizales, le pidieron refugios para los juegos de nieve; Santa Cruz de Lorica toldas y trampolines para bañarse en el río; Cocuy cabañas para escaladores de alturas.

Los historiadores sabrán si los albañales y pozas sépticas por entonces habían sido remplazadas por alcantarillados; si el agua potable evitó a los enfermos de coto, de elefantiasis; si los nubarrones de mosquitos carniceros fueron fumigados; si el sueño de la República despertaba las energías por una sociedad próspera, igualitaria, con justicia.


En medio de la risa un desconsuelo me permitió contemplar cuál sería la idea de civilización del quejoso corresponsal, y sin duda enamorado del mar y más de la moral que separa a las mujeres de los varones y los deja solos frente al tiburón. La risa se tiñó de esperanza al ver que la civilización era un logro fácil y barato: dos estaciones marinas para bañistas.

Esa concepción ingenua, equivocada, e inútil de atender las necesidades parece haber marcado por siglos el tortuoso, inmóvil desarrollo de las sociedades nuestras.

Para no aparecer como pesimista me acordé de Pier Paolo Pasolini. Me dije: Si la playa de Ostia hubiera tenido estaciones de bañistas, civilización, no lo habrían asesinado de la manera cruel, sin compasión, con que lo destrozaron. Yahvé destruía seres y cosas de forma elegante en los remotos tiempos en que intervenía en las demencias humanas.

Y allá, en el país que colinda con el reino de Dios, donde reposan los restos de Pedro, apóstol de las llaves sobresaltado por el gallo, la idea de civilización tampoco cuaja. Ni en el mundo. A lo mejor la civilización empezó a ser la ruina que ven sin entender las cáfilas de turistas que recorren el mundo.

Quién entiende que en la Italia de Dante y Maquiavelo, Caravaggio y Fellini, cuyo congreso permitió la posesión y el habla de la Cicciolina, puta alegre que despertó al parlamento dormido u ocupado en arreglar negocios pecaminosos, allí, hoy le arrojan bananos, la insultan, a la ministra de integración, Cécile Kyenge por ser mujer, negra y nacida en el Congo.

Es obvio que el mundo perdió, si alguna vez lo tuvo, su destino. Es rehén de asaltantes de caminos. Fortunas apiladas con crímenes, trampas. No caben en la vida ni en las tumbas.

Estaciones de bañistas: un domingo en las aguas tibias del Caribe y la bella morena que me reta: ¡ Atrévete!

Comprendo a Caproni: Las palabras disuelven el objeto.

2 comentarios:

  1. En Japón hay vagones para hombres y mujeres, ahora esto?
    Buen artículo. Saludos.

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  2. La fina pluma de Roberto Burgos Cantor. Leerlo es un provechoso deleite.
    Por acá las playas son frías y los estacionamientos muy caros, pero igual la gente finge pasarlo bien.
    Saludos cordiales.

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