1 de marzo de 2014

Canto con rabia y mucha ternura

JUAN PABLO JIMÉNEZ -.

“Muchos humanos 
son importantes 
silla mediante 
látigo en mano”

“Carta de un león a otro”, Juan Carlos Baglietto

Hay quienes comparan al venezolano Alí Primera con Víctor Jara. Ambos se parecen en el amor a la vida, a las cosas simples, al pueblo, a la belleza. Más se parecen eso sí en que a los dos los mataron, en sus respectivos países, por contarle al viento su pensamiento.

“Tus manos aún muertas están luchando” le dicen algunos venezolanos a Primera como una especie de plegaria, de mantener el canto vivo. De inmortalizar los dulces sonidos de una guitarra cómplice. Cómplice del amor, de la esencia que corre entre medio de la gente. De un país. Una guitarra como el mejor arma para ganar todas las guerras.

Tal como Víctor Jara, Alí Primera sentía un profundo amor por la gente y en su canto descansa la búsqueda de un sentido, el espíritu del pueblo latinoamericano que se ha formado a partir de su sangre, del dolor, pero también de la esperanza y el sueño gigante de la libertad.

“Al niño le critican porque no se baña, pero que pase hambre no les extraña”, dice en “El cantor de Bolivia” y pasa del sentir de un pueblo completo, a la belleza absoluta del cuerpo de una mujer que Alí contempla con una devoción sencilla y profunda. De allí se ve el alma a través de los dos ojos del cantor que a los pechos de su mujer les llama “Dos pichones morenos”, como si esos pajarillos se posaran sobre los senderos de esa mujer y se quedaran para siempre.

Alí Primera, antes de ser asesinado, empuñó su guitarra y disparó su poesía en una nave de música, y le dio alivio a miles de sudamericanos que después de ser pisoteados mil veces por ese monstruo indefinible, volvieron a creer en un sueño global con el que se mantienen vivos los deseos de libertad y felicidad.

Porque puede que la alegría jamás llegara, pero sí la esperanza se mantiene intacta y en eso el venezolano fue canal, una conexión entre nosotros, quienes le escuchamos, y la esencia universal que nos hace mantenernos en pie a pesar de todo.

Alí Primera puede cantar con rabia, con la impotencia que dibuja el dolor en el corazón y a la vez puede hablar con la inmensa ternura del que ama, del que espera, del que sueña. Le dice a su mamá “tú me enseñaste a no matar las mariposas” y me acuerdo cuando mi mamá me decía que yo jamás sería del montón. “La lucha por los hombres no se hace por caridad” cantaba (o canta, porque su plegaria sigue viva) y exige. Reclama, pero también ofrece.

“Los azules balazos con que dispara el amor” escribe y muchos quisiéramos ser atravesados por esas balas en una guerra donde todos terminen ganadores.

“Aunque diga groserías, el pueblo tiene derecho”. Esto no es panfleto, señores. Esto es vida. ¿Puede ser un panfleto que un hombre diga, con el alma dibujada en la sonrisa, que le quitará del cuerpo a su mujer cada uno de esos “traviesos granos de arena”? ¿Puede ser panfleto el sueño de libertad, belleza, esperanza e inmortalidad? ¿Puede se panfleto escribirle y cantarle a los riachuelos, los árboles, los pajarillos y los cerros?

Si eso es panfleto, señores, inundemos la ciudad de papeles escritos con frases de amor y felicidad.

2 comentarios:

  1. Muy buena aportación este texto Juan Pablo. Inundemos el planeta de este tipo de panfletos. Nos hace mucha falta.

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  2. El trino de la rebelión. Aportador texto, estimado Juan Pablo.
    Saludos cordiales.

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