3 de marzo de 2014

Dios

Pablo Cingolani

Terco pez del destino
La luna baila
Algunos corazones se apenan

¿Y si pudiéramos
Tallar en roca, labrar en el camino
Nuestro nombre?

¿Y si escribieras
Por mí, por todos
Todas las palabras?

¿Y si volviésemos
De la muerte, dime vos
Decime tu, sí tu, qué harías?

Pequeño pez del horizonte
Todos te alaban
Porque no hallan tu rastro
Porque no encuentran poesía

Entre el llanto y el dolor
No saben por qué reír
No saben, mi dios, para qué morir.

Imagen: El espejo, René Magritte

2 comentarios:

  1. No saber ni para qué morir. Gran poema, amigo mío. Un abrazo fuerte.

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  2. Caramba! Otra perla de Cingolani! Un goce leerlo, compañero. Me gusta su simbolismo como la carne al perro ( disculpe la comparanza! ja )

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