7 de marzo de 2014

Incertidumbres reiteradas

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Otra vez la duda atroz. La rumia de un horizonte, ahora brumoso. Como si la radicalidad de los años en que la vida tiraba dados y apostaba a lo absoluto se extraviara por siempre en la experiencia desalentada de lo irremediable.

Ahora aparece que la tensión fundamental que le propone al ser humano la construcción de una sociedad, consiste en cómo incorporar lo personal y desarrollarlo, en un propósito colectivo. Modesto o infinito lo personal, con límites y fronteras lo colectivo.

Apegados a una tradición que aceptamos como universal hemos descuidado la búsqueda propia y particular. Enamorados de realidades ajenas nos encantan las mismas magnesias y aspirinas. Y cada día que pasa el mundo y sus seres tiene más motivos, rebuscados y complejos, para matarse, odiarse, detestarse, dominar, y rebelarse. Así, hasta llegar al punto sin retorno en que ni siquiera podremos vivir con nosotros mismos y nos suicidaremos.

Es probable que haga falta un balance, inventario, de cuánto se ha hecho bajo las imposiciones de reyes, presidentes, dictadores, partidos políticos, policías secretas y uniformadas, ejércitos, y esa enmascarada semejanza entre lo público y lo privado.

En medio de los escasos ejercicios virtuosos, tildados de idealistas (sí: las ideas son ideas), lunáticos (ni los locos, ni los lobos y perros solitarios odian a la luna) se observará la cadena de montañas de los muertos sin causa, los robos sin castigo, la violencia como desahogo del desespero, respuesta a la injusticia. Faltan lápidas con epitafio.

En este estado de ánimo, mareados por la licuadora del país que, rotas sus deficientes costuras, clama por una tierra prometida, nos anuncia la comparsa del senador Onésimo Sánchez. Este viejo patriarca tenía, por lo menos, los consuelos de cama de un amor intenso y fugaz, del silencio entrometido, que lo aliviaba de fanfarrias, repeticiones y absurdo. Y de ñapa algo que le llegaba sin que lo comprendiera: un sentimiento de amor no radicado en ninguno de los cuerpos sudorosos, de pelusa de durazno y agilidad de gacela, que más que entregarse al hombre lo incrustaban en el bosque reciente de cabellos olorosos a sombra y ojos abiertos que miraban para el olvido.

Poco a poco la novedad del voto en blanco conquista voluntades. No falta razón a quienes se inclinan por un espacio limpio para pintar lo que quieren. Sin embargo es difícil el análisis porque quienes saben de restas y saldos advierten que este voto favorece el mantenimiento de unas practicas y sus ejecutores que algunos colombianos detestamos, otros rechazamos y algunos odiamos por impotencia.

Una pregunta me queda: ¿Será que la fe de los jóvenes que consideran que la arcaica y corrupta institucionalidad ( si, corrupción legitimada, Proudhon dixit, la propiedad es un robo) podrá responder a la multitud insatisfecha?

Apostemos a que si.

2 comentarios:

  1. Así hemos ido, siempre cuesta abajo, y sólo la sensatez de los más jóvenes nos ha atajado ante el despeñadero.
    Buen artículo, estimado Roberto.

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  2. Vote a nadie, nadie lo representa. Es un graffitti preelectoral que no dejo de leer al pasar el colectivo frente a la unidad básica peronista. La realidad política compleja, vacía, decepcionante.
    Buen arículo! Saludos.

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