19 de marzo de 2014

Intensa travesía

PABLO CINGOLANI.-


Teófilo Vargas
A Fabián Luna

Vargas, tu pueblo es de barro, de barro y silencio
Más cómo se escuchan ahí las verdades de los cerros
Cómo refleja la piel tanta belleza, tan fecunda y tan feliz
Sólo allí, sólo en El Angosto, sólo en tu tenaz destino de puna y de viento

Vargas, vos me decís: no me iré de aquí, siempre estaré, yo me quedo
Y lo sé: tú honraras tu cuna, tu tumba con churquial y cielo
¿Para qué ir a sufrir a la zafra, para qué irse a morir a las minas
Como los otros, desdichados, que se fueron, calcinados, padeciendo?

Vargas, me agita: el silencio es otro espejo de tu alegre entusiasmo
Lo veo en el rostro lunar de tus niñas, en la fértil sonrisa de Alicia
Lo celebro en tus manos que son de barro pero también son de acero

Yo sé que con esas manos, Vargas, si te lo impusieran, si te obligasen a hacerlo
Volverías a alzar los cerros, para respirarlos y no alejarlos nunca de tu alma
Para no irte jamás de El Angosto, llevarlo adentro, sentirlo siempre.


Camino a Abra Pampa

El me encontró una tarde de lluvia arisca
Perdidos por perdidos con Fabián
Por los laberintos de Cienaguillas

Siempre es así
Uno que intuye de huellas
Se deja llevar y la estira
Porque en errar, anda la forja
Porque en errar, anda la vida
Y uno vive para errar

Lo navegamos, puna adentro
Hasta que el tata bondadoso
Que hay en caminos y cielos
Nos desembarcó en Santiago de Pozuelos

Nunca vi tanta soledad
Pero brillaba de amparos
Nunca sentí tanto la distancia
Pero sabía que estaba cerca de todo

Fue entonces que acudimos a esa casa
Barro y chapa en medio de la estepa que se helaba
Un paisano nos miró asombrados
Proclamó: el viento sopla siempre
Y siempre rumbo a Abra Pampa

¿Y qué hay para el otro lado?
Allí no hay nada, nos sentenció
Porque hacia allí, nunca voy.


El viento de la puna[1]

a Juliana

Soy padre y madre aunque a veces no me quieran
Pero sin mí, ellos no serían como son
Ellos no serían igual de estoicos, igual de recios

Los asusto en sus casas cuando duermen
Y ellos se empeñan y refuerzan sus aleros

Les quito el sombrero en las quebradas
Y ellos se apuran y abrazan antes a sus hijos

Soy amigo de las estrellas pero no me alumbran
Soy el dueño del cielo y no tengo nada
Soy invisible pero tengo mucha fuerza

Y los quiero a todos y por eso los persigo
Por eso los abrazo y a veces quisiera
Que como los pájaros, levantaran vuelo.


Queñual

Recorriendo esa distancia, en el medio de la nada y de pronto, te apareces
Y uno, que va temeroso por ahí, que va perdido por el erial, se alegra y agradece

Tu presencia incita esa vida que se escurre por las quebradas
Y tu piel de arrayán es un tapiz donde recostarse y soñar

Uno que sabe del miedo a los abismos, a las soledades
Escribe que junto a vos no hay vacío y nada falta

Navegas el rojo sangre de mi pueblo en un queñual
Vibras de alegría por tanta vida en un queñual

Y lo agasajas y lo celebras
Y sientes que resistir es nada sin estas alegrías

La que brinda un día donde ves como su corteza brilla
La que cantas cuando te ampara su sombra
Y el fervor de las manos de la queñua sí te toca

Y los mundos dónde vas cuando te cuenta
De sus andares vegetales, de su vagar de queñuales
Cuando te abandonas al silencio y la escuchas

No se parece a nada más que al destino
Que es amparo, que es memoria, que es abrigo
Si oyes ese clamor, si lo sabes encontrar en tu camino.


El fervor

Soy el que se despeña por los cerros y danza en avalancha y gloria
Soy el que no sabe de cauces y cuando me vuelvo río
Canto hasta quedar eufórico y despertar a todas las piedras

Soy eso que se intuye por la puna cuando vas desde Santa Catalina lejos
La suposición de la muerte o el mero renacer y vivir más fuerte
Cuando me alumbras desde el infinito de las apachetas

Soy el fuego y soy el hastío, depende sólo de vos
Soy la vida, la ceniza, el pan, tu tristeza, tu alegría
Soy en lo que siempre piensas y no sabes cómo nombrar

Soy eso que te late cuando bajas, cuesta adentro, hasta El Angosto
Soy los confines del sentimiento y su centro, su nervio, soy tu fe
Soy lo que no se pronuncia y sin embargo me sientes
Y aunque te niegues, aunque me niegues, me sientes igual.


Ángel[2]

Eras vos
El que caminabas
Por la playa

Eras ese pibe
Que conocimos en el pueblo
Todo de barro, todo sentimiento

Eras vos
Dulce compañía
Guiándonos entre las piedras del río

Eras vos riéndote
Y bebiendo conmigo
El vino fraterno de la vida

Eras vos el que se fue cuesta abajo
Cuando nos despedimos

Cargaste en tu mochila
Una parte de mi destino

Algún día lo volveré a buscar
Algún día reclamaré tu amparo

Serás vos el que me guíe
Hasta allí a donde la puna me abrace

Hasta aquí a donde mis palabras
Te vuelvan a encontrar.


Destino

Tengo mojados los soles que viví en San León
Cuando los churquis se iluminaron uno y todos
Pero ahora están lejos, están tan lejos de mí
Que los añoro en silencio

El silencio de El Angosto ahora no lo siento
Y quisiera que sus palabras me vuelvan
A dictar cuestas y abismos para que los sueñe
Aquí entre mis montañas y mis otros sueños

Era la voz de Vargas la que me amparaba allí
La que me cubría del frío y de las mentiras
Era todo maíz su textura y cabra y viento

Ahora sus palabras las busco en mi afonía
Quiero recordar cada acento, acentuando todas sus íes
Quiero que su memoria aguante, aguarde, vibre.


Vicuña[3]

Estabas ahí
Recordándome
Que la vida existe

Que la vida es frágil
Que la vida te cuida
Que la vida, mi dios, es de temer

Estabas como cristal que se despeña
Como mica que arrebata la roca
Como alma que trepa siempre la ladera

Sabías que no me cansaría de mirarte
Y amarte a la distancia, inaccesible hallazgo

Sos el vuelo de los ángeles vuelto tierra
Y la tierra sin poncho, sin adiós, sin madeja.


La Quiaca

Todos los arpistas ciegos van y vienen por La Quiaca
Buscan el eco de su nombre para volverlo destino, luz y música

Todos los filósofos la nombran en sus tratados
Es un imperativo moral y es dialéctico honrarla
Aunque ellos no sepan ni cómo pensarla

Todos los peces del mundo y los dorados cangrejos anhelan a La Quiaca
Sienten que algún día van a llegar allí aunque nunca lo hagan

Todos los magos, quisieran imaginarla como un tapiz, como imaginan Gibraltar o al estrecho de Ormuz

Todos los poetas desearían escribirla al revés de Rimbaud y el África, en letras que rezumen oro y almizcle, nunca a conquista, jamás a silencio y destierro

Todos los marxistas leninistas y los bosnios quisieran crear un soviet en La Quiaca
Y que banderas rojas y negras se enciendan sobre sus cerros

Todos los liberales y los joyeros de jade del planeta la volverían free shop
Y nos les importaría que limite con Taiwán o con China

Todos los chefs valientes le meterían ají a La Quiaca
Ají rojo, ají amarillo, ají verde

Los psicólogos, jamás te entenderían
Los cobardes, no se animarían
Los bohemios, la celebraran siempre

Todo empieza, nada termina en La Quiaca

Yo solo quiero que no me deje olvidarla
Yo sólo quiero que me deje volver a sentirla
Mientras tanto te habito, te huelo y te camino cuando sueño.


Cruz[4]

¿Dónde andará Cruz
Ahora que lo escribo?
¿Dónde lo habrán llevado sus pasos
Tras que cruzamos juntos
La Quebrada del Arbolito?
¿Dónde quedarán
Dónde habrán revivido
El granizo y la nieve?
¿Dónde estarán los pájaros
Que se fugaron, que se escondieron?
¿Habrán resistido las pariwanas
De la laguna de Pozuelos
O estarán todas muertas?
¿Dónde seguirá rondando
Esa casa, esa noche, ese misterio
En la noche, en el misterio, en esa casa de Abra Pampa?
¿Dónde se habrán ido la lluvia
Y la voz que raspa de Calamaro
Que insistían, que arreciaban
Cuando te dejamos ahí
Y nosotros seguimos hasta La Quiaca?
¿Cómo recobraré mis pasos
Que traje desde Nazareno
Hasta Puesto del Marqués
Hace tanto tiempo que ya no recuerdo?
¿El mundo va, el mundo viene
O es el mundo al revés?
¿Dónde andarás Cruz?
¿Dónde andará su fiebre?
¿Dónde te perderá tu hastío?

En la puna
La carretera es la línea divisoria
Entre el bien y el mal

Es la línea que si te atrapa
No la puedes volver a cruzar.

Pablo Cingolani, 2014

[1] Publicado en la página cultural del periódico Pregón, San Salvador de Jujuy, 12 de enero de 2014
[2] Publicado en la página cultural del periódico Pregón, San Salvador de Jujuy, 16 de febrero de 2014.
[3] Publicado en la página cultural del periódico Pregón, San Salvador de Jujuy, 12 de enero de 2014
[4] Publicado en la página cultural del periódico Pregón, San Salvador de Jujuy, 16 de febrero de 2014.


Imagen: El Angosto, Bolivia, por Mario Giorgetta.

1 comentario:

  1. Se lee y se siente tantas veces, querido amigo, como si voláramos juntos a través de esa intensa travesía.
    Realmente valioso.
    Un abrazo fuerte.

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