28 de junio de 2014

Improvisar es argentino

GONZALO LEÓN -.

La otra noche después de dos años conversábamos con un amigo del otro lado de la cordillera en un bar de San Telmo. Como suele ocurrir en estas ocasiones los temas eran variados: libros, trabajos, anécdotas, conflictos pasados entre nosotros dos y que él me los recordó en buena hora. Hasta que de pronto salió la pregunta de la situación político-social de Argentina: Está mal, está bien, cómo la ves, preguntó. Y yo contesté algo que venía masticando hacía un par de semanas: Aquí siempre está todo a punto de irse a la mierda, es un estado permanente de las cosas, pero curiosa o milagrosamente al final eso no sucede. Y a qué crees que se debe eso, volvió a lanzar. Y yo, recordando algunos episodios de los últimos años, dije que en Argentina todo era muy improvisado, o más bien que el argentino tenía una capacidad de improvisación increíble. Es decir cuando todo no anda, cuando todo está por irse a la mierda, hay que improvisar.

Esta idea de la improvisación se vive en la literatura, con esa frase que acuñó Osvaldo Lamborghini: “Primero publicar, después escribir”. Esta frase es la improvisación llevada a la literatura y más que una liviandad de parte de Lamborghini es un desafío. El escritor debe estar preparado para todo, incluso para primero publicar y después escribir, para vivir, después de morir. Esta improvisación también puede verse en el fútbol: Maradona jugaba y después pensaba la jugada. En esto desde luego se encuentra la intuición, los instintos básicos, el dejarse llevar no por una idea, sino por algo que se escapa al dominio de la razón. El escritor uruguayo Mario Levrero, cuando le preguntaron sobre su método de escritura, decía que había que dejarse llevar sin un plan determinado. Sin embargo cuando estuvo en Buenos Aires esta idea cambió y se alejó de la parte onírica, inconsciente. Es decir en un aspecto a Levrero le hizo mal vivir en Argentina.

En este punto vale la pena aclarar que la capacidad de improvisar con lo improvisado no es lo mismo. Para la Real Academia Española improvisar es “hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación” e improvisador “se dice especialmente de quien, sin preparación, compone versos, canciones, discursos, etc”, pero improvisado carece de definición propia. Pero el uso puede definir que lo improvisado es algo desprolijo, descuidado, en un sentido artístico mediocre. Hace un tiempo una escritora publicó una novela; cuando la entrevistaron en una revista digital, dijo que le había tomado tres meses escribirla, y eso se notaba al hojear el libro. La gracia de improvisar es que siempre implica una salida airosa; supone un riesgo, porque no está pensada de antemano, pero las posibilidades de éxito dependen de esa capacidad para maniobrar por instinto. Dicho de otro modo, improvisa quien tiene habilidad; quien no, mejor que no lo haga, porque pasará por improvisado.

Lo improvisado también puede, en economía, ser heterodoxo, y la economía argentina desde Néstor Kirchner, aunque acentuada con Cristina Fernández, se ha caracterizado por eso. No hay aquí socialismo, ni una economía estatizada, el mercado funciona, pero con regulaciones, y cuando hay problemas derivados de situaciones internas o externas, el estado interviene, improvisa. Esta actitud ha sido defendida por el actual ministro de Economía, Axel Kicillof, y por la Presidenta: el gobierno es pragmático y no ideológico, pese a lo que se diga. Aquí no se sigue el librito a pie juntilla del neoliberalismo, aquí se mezclan recetas según las épocas, de acuerdo a la contingencia. En este sentido el kirchnerismo podría ser catalogado como improvisado, por sus detractores, y también con una enorme capacidad para improvisar, según sus partidarios. Pareciera que en economía actuar sin un plan fuera un pecado mortal, pero quienes plantean eso por lo general creen que hay que seguir el modelo económico chileno, es decir el neoliberalismo de libro.


Y si improvisar es argentino, planificar es muy chileno. Nosotros no nos salimos del esquema, somos ordenados, uniformes, militarizados en algunos aspectos. De hecho uno de los elogios que he escuchado de parte de los porteños es ése: el orden y la seriedad que existe en Chile. Desde que no hay basura en las calles hasta que la economía funciona como en los países desarrollados. Pero al ser tan planificados carecemos de pragmatismo. Como me gusta recordar, no nos olvidemos que un columnista de diario Clarín escribió a propósito de la última elección de Bachelet que nada iba a cambiar en el país porque éramos la Norcorea del capitalismo. Es más, cuando nos intentamos salir de esa planificación y pretendemos entrar en un camino propio hacia el socialismo vino el golpe de estado.

Chile no está preparado para improvisar, y por otro lado es una sociedad donde se imponen las normas. Nuestra literatura es estructurada: los poetas van del endecasílabo al soneto y de ahí al verso libre; en narrativa se ponen de moda escribir de una determinada manera. Y ahora que estamos en el Mundial de Brasil vivimos hablando de esquemas: cómo vamos a jugar. De ahí que Marcelo Bielsa, un antiargentino que intentó imponer en Argentina la ultraplanificación sobre la improvisación, haya dejado una marca tan profunda en nuestra selección. Esto no me impide decir, sin embargo, que espero que cuando salga esta columna estemos en segunda ronda y estemos por jugar contra Croacia.

Publicado en revista Punto Final y en el blog del autor (26/06/2014)

1 comentario:

  1. No he podido seguir la situación argentina ya que este semestre ha sido particularmente duro (3 clases), pero lo que sí pude leer ayer es que la situación financiera argentina vis a vis los USA ha motivado al director Oliver Stone a pronunciarse en contra de los buitres que quieren tratar a Argentina como carroña

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