3 de agosto de 2014

Don Rafa el de Sola

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

A la primera persona que oi hablar de las ideas económicas de Rafael Núñez fue a Adolfo Meisel. No había entusiasmo en lo que su revisión hallaba y pensé que la economía era un asunto de pocas exaltaciones y alguna que otra ironía soltada con pícara inteligencia, o gesto de sobrado. Así Child, López Michelsen, Bejarano, Palacio Rudas.

Al poco tiempo, Meisel expuso su revisión de la desamortización de los bienes de manos muertas y mostró su efecto positivo en la economía de la época. Fue un juicioso análisis, con cifras, sobre uno de esos temas que en la paz de las convicciones archivadas quedan como verdades. El impecable raciocinio llevó a sus críticos a postular como efecto económico de la medida, la furiosa reacción conservadora y su costo para la educación laica y un Estado sin injerencia religiosa.

Para bien o para mal, depende de la perspectiva, la figura de Núñez sigue siendo un lugar de peregrinaje de los historiadores, políticos, y novelistas. No en vano se logra una Constitución que regule por más de un siglo la vida política de la nación. Lo particular, nada extraño, es que sigue causando controversias. Las expresiones del presidente Santos cuando veraneaba en el hotel Solymar, vecino de la casa caribe del pensador de El Cabrero. Lleras y su discurso sobre Aquileo Parra. Alfonso Múnera y su texto de ingreso a la Academia de historia sobre el concepto de educación en Núñez. La novela de Carlos Villalba Bustillo. Y hay que esperar a los expertos en himnos y en poemas.

Ahora se ha publicado un riguroso trabajo de investigación, con selección de escritos y esclarecedor prólogo, de Roberto Junguito. En dos volúmenes apareció en la colección Bicentenario, Archivo de la economía nacional, del Banco de la República.

Más allá de las reiteraciones referidas a la creación del Banco Nacional, a su interés casi permanente sobre la moneda, y las concepciones que definieron la arquitectura del Estado con centralización política y descentralización administrativa; Junguito logra establecer una ruta que permite ver un pensamiento vivo y las tendencias de las preocupaciones económicas del Regenerador. El ordenamiento del material alrededor de los diversos desempeños, desde recién graduado de abogado, hasta sus viajes, las intervenciones en el senado, los períodos presidenciales, y sus años en el retiro de El Cabrero, permiten una lectura que además de provechosa y amena, ofrecen posibilidades de comprensión de nuestro complejo presente. Y por supuesto, también, cuánto se ha logrado en medio de dificultades que parecían irresolubles.

No sé si me pone sentimental el viejo rincón de mis abuelos, pero a los mejor los economistas de la Universidad de Cartagena podrán crear un doctorado con el nombre de El Pensador¿? Quizá una manera de seguir tejiendo esta historia en la cual nos perdemos.

Imagen: Rafael Núñez

2 comentarios:

  1. Buen artículo. Pensar que hoy todos-cualquiera habla sobre economía.
    Saludos

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  2. Más que interesante, muy bueno!

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