20 de agosto de 2014

Kicilove

GONZALO LEÓN -.

Vivir cerca del Congreso tiene algunas ventajas, como estar relativamente dentro del Centro: caminando cinco cuadras estoy en Callao y Corrientes. Pero podría decirse que las desventajas son mayores: las manifestaciones de las organizaciones sociales suelen ocurrir frente al Congreso, a tres cuadras de mi casa, lo que ocasiona cortes de tránsito, a veces a distintas horas; porque de una marcha de organizaciones católicas que corta Avenida Rivadavia en dirección hacia el microcentro puede pasarse a una manifestación de agrupaciones trotskistas. Los peatones como yo no reclamamos, pero la locomoción colectiva, que debe desviarse por calles interiores, y los automovilistas hacen sonar sus bocinas; ese sonido podría decirse es la manifestación de la manifestación. Ustedes se quejan, bueno nosotros también.

Pese a que desde algunos sectores políticos dicen que la iniciativa para legislar la tiene casi exclusivamente el Ejecutivo, muchos proyectos de importancia se discuten en el Congreso: la ley de matrimonio igualitario, que en estos días cumple cuatro años, la expropiación de YPF, el canje de la deuda en 2005 y en 2010. El Congreso argentino es el epicentro de la discusión política. Puede discutirse y decir: “Bueno, pero qué hacen ahí un ex árbitro de fútbol como Héctor Baldassi y un humorista como Miguel del Sel”. A decir verdad esa pregunta la debería contestar el PRO, porque ambos son diputados nacionales del partido que lidera Mauricio Macri. Soy corresponsal de una revista de economía aquí, así que de vez en cuando me toca ir al Congreso; no me quejo, me queda al lado. La última vez fue para la reunión que tuvieron los jefes de bloques con el ministro de Economía, Axel Kicillof, el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, y el secretario técnico y legal de la Presidencia, Carlos Zannini, con el objetivo de informar de la estrategia que seguiría el gobierno para evitar un posible default, ante la demanda que los fondos buitre ganaron en una corte de Nueva York después de casi diez años de juicio.


Los periodistas de Congreso son parecidos a los de Chile, es decir están enterados más o menos de los secretos de pasillo pero no los cuentan o los cuentan como si fueran secretos de ultratumba. Ese día, después de tres horas de reunión, circulaban tres versiones de lo que podía ocurrir después de la reunión: van a hablar las autoridades de gobierno, ¡eso es seguro!; no van a hablar las autoridades de gobierno, te lo firmo; van a hablar los jefes de bloque, ¡posta! Al final hablaron los jefes de bloque y las autoridades de gobierno, menos el ministro de Economía, que ha pasado a ser una especie de rockstar; de hecho hay una polera eso sí con su apellido alterado: “Kicilove”. Y es que el ministro de cuarenta y tantos, patillas, alumno sobresaliente en la UBA y lector de Marx ha demostrado en el último tiempo un manejo político incomparablemente superior al de sus antecesores.

En una reunión del G77 sostenida hace dos semanas en el edificio de la ONU, Kicillof hizo una jugada magistral: trasladar la discusión a Nueva York y de ahí al mundo, porque Argentina ya había recibido el apoyo de muchos países que temían por el precedente que estaba dejando el juicio ganado por los fondos buitre, esto es el modo en que se reestructurarán de aquí en adelante las futuras deudas públicas y si la jurisdicción de Nueva York podría ser la mejor o la más competente. Kicillof, cuyos detractores dicen que carece de experiencia para negociar pero que en pocos meses solucionó el problema de Argentina con el Club de París, la empresa Repsol y el Ciadi, sacó la pelota de la cancha. Es más, el banco que Argentina usa para pagar su deuda reestructurada recibió el depósito del gobierno de Cristina Fernández por los intereses que debían pagarse a sus acreedores, pese al embargo decretado por el juez Thomas Griessa sobre ese dinero; en otras palabras, los acreedores saben que Argentina pagó, ahora es el problema del banco cómo hacer para pagar.

Muchos economistas, opinólogos y líderes de opinión opositores manifestaron que la cuestión de los fondos buitre había sido mal llevada por el gobierno, porque su tesis, esto es de que aquí no estaba en juego un problema con los fondos buitre sino que futuras reestructuraciones de deuda de países pobres o menos desarrollados, era ingenua, que había que pagar (como dijo Macri) o rezar para que la corte suprema de Estados Unidos interviniera. Al final la corte no intervino, y el fondo buitre NML, de propiedad de Paul Singer que en este país financia la fundación de la diputada del PRO Laura Alonso, ganó el juicio y el juez decretó que Argentina debía cancelar cash US 800 millones y a su vez decretó un embargo sobre los dineros que Argentina tenía en el exterior para pagar los intereses de la deuda reestructurada en los canjes de 2005 y de 2010. El dilema para el estado argentino sigue siendo: si no paga, caerá nuevamente en default que, si bien no es un asunto nuevo, sí lo es en las actuales condiciones, donde estaba intentando conseguir créditos internacionales para volver a crecer.

Todos los economistas señalan que el default tampoco beneficia a los fondos buitre, porque la definición de default es entrar en cesación de pagos. Por el contrario, algunos economistas han señalado que entrar en default no es tan malo como aceptar lo que señala el juez estadounidense. Para empeorar las cosas, este asunto podría ser llevado a La Haya. Como se ve, Kicillof pateó muy fuerte la pelota, y yo estoy pensando seriamente en volver a dejarme patillas.

Publicado en revista Punto Final y en el blog del autor.

1 comentario:

  1. Américo V. presa21/8/14

    Error. La Argentina no entró en Default porque pagó sus compromisos con los tenedores de bonos. Si no cobran, es por la decisión del impresentable de Griesa. Y SI ENTRA EN DEFAULT, QUE MIERDA NOS IMPORTA. ESTAMOS FUERA DEL CIRCUITO DEL SISTEMA FINANCIERO, ES DECIR, UNA DE LAS CINCO MAFIAS QUE GOBIERNAN A MUNDO.

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