10 de septiembre de 2014

Huanchaca

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Pasan los años y contrariamente a lo que debiera ocurrir la historia reverbera, reverdece y el pasado va tomando perfil de presente mientras la distancia se acorta y se convierte en metáfora.

¿Qué fue Huanchaca? Un dato, textos de argento y decepción; no otras son las historias nacionales. Estadísticas, la opulencia de Aniceto Arce como causa y no efecto de los desastres del país. Divagar sobre política que no llega a nada, menos aún rociando el verbo con humos de alcohol. Buscar la esencia, he ahí una cuestión fundamental para no reencontrar el desaire que hallo en los recuerdos de Clara Zetkin sobre Lenin. Pensaba en un Vladimiro Ilitch de carne y hueso y aparece un parlanchín, embriagado con las falacias del materialismo histórico, con desdenes contrarrevolucionarios que critico porque le llevo al muerto (Lenin) ya un siglo de ventaja.

Pero no son Lenin ni la lúcida aunque confusa Clara Zetkin los que me sientan en la calurosa tarde de domingo a escribir sino Huanchaca, gracias a la cansina voz de Atahualpa Yupanqui que rescata una antigua cueca -la bailarían las arribeñas-, la Huanchaqueña, y despierta en mí el deseo de caminar otra vez los olvidados campos de Bolivia, atormentados y adormecidos en este mundo total. Recuerdo, a propósito, mis atisbos de paso por el sur boliviano, por Caiza y por Porco, por Macha y muy cerca Ayouma donde fantasmales siguen guerreando los ejércitos de Belgrano una guerra para terminar todas las guerras. Por allí, en algún espacio, se abre el valle arbolado de Huanchaca, las ruinas posiblemente del embriago eterno que trajo la plata, y que también trajo el olvido para que ni sepamos, extranjeros en nuestra tierra, cómo llegar.

No deseo rememorar a Aniceto Arce, las personas son detalles en la naturaleza. Huanchaca es la quimera, soleada y calentadas sus piedras ribereñas, como lo fue Cochabamba en el tiempo que el falso progreso -y los alcaldes- destrozaron. Porque Huanchaca está escondida, apenas la descubre Yupanqui, tan ducho él en asuntos de raza indiana, de mestizos con aires de Iberia, de pañuelos lentos que sólo titilan, no jalean, en la cueca lenta, la cueca larga. Yupanqui que enseña los caminos simples donde es fácil encontrarse, con otros o consigo, donde la frontera peca de línea inventada en el largo trajinar de los hombres, por Montiel y Simoca, al sur, o por Huanchaca y el río San Juan del Oro en el Alto Perú.

La huanchaqueña es una canción. Casi augurio para mí.


11/09/05
Publicado en Opinión (Cochabamba), septiembre, 2005
Imagen: Carros con minerales de plata, de la mina Huanchaca

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