17 de enero de 2015

La lección de Averroes

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

De Chicago me llega un nuevo filme, Le Destin (El Destino), coproducción egipto-francesa del año 97, dirigida por Youssef Chahine. Trata de la vida de Averroes en el tiempo en que actuaba como juez en la Córdoba del siglo XII. Comienza en Francia, en el Languedoc, cuando la Iglesia va a quemar como hereje a un traductor del maestro árabe, con sus libros. Una escena que tiene mucho que ver con el tema subyacente de la obra que es la confrontación entre el razonamiento y el fanatismo, entre la interpretación pensada de la divinidad y la -ausente de crítica- creencia en verdades incuestionables. No significa que Averroes practicara un ateísmo temprano. Por el contrario cita constantemente el Corán y las palabras del profeta que según los estudiosos indican claramente que el islamismo da lugar a la razón dentro del asunto religioso, de manera opuesta al cristianismo que no permite la duda y menos la interpretación.

Chahine, egipcio, seguramente vivió la experiencia del resurgimiento del fundamentalismo árabe. Los extremistas religiosos asesinaron a Sadat. Argelia y Túnez han sido constantes hogueras. Libia encarna una extraña síntesis de revolución y devoción; en el norte africano se suscitan cambios, desde el Sudán hasta Mauritania, que intentan de manera retrógrada volcar una fe hacia sus más oscuras posibilidades. Occidente tiene en gran parte culpa del fenómeno. Pero ese es otro tema. Buscar un ejemplo de mesura dentro del Islam para oponerlo al frenesí de nuevas liturgias nos lleva a Averroes, cuyas enseñanzas fundamentaron las corrientes modernas de pensamiento, más que en las naciones árabes en las de Europa. Sus textos pasaron a Oxford, París, Bolonia y Montpellier y, sólo para ejemplificar, sus escritos sobre medicina fueron estudio básico de las universidades cristianas hasta el siglo XVII. De la filosofía averroísta que atravesó clandestinamente las fronteras de la península ibérica vienen los orígenes del Renacimiento. Cierto que Averroes forma parte de una exquisita élite cultural que habitó el Califato de Córdoba, pero en sí es único.

Averroes terminó en el exilio. Los enemigos eran aquellos que querían un Islam ortodoxo. Sus libros fueron quemados públicamente en su ciudad. Gracias al empeño de sus discípulos y copistas, su obra se difundió por el mundo antiguo. Apareció en Egipto donde la leyó Maimónides y se la tradujo a diversas lenguas.

Hoy que el Islam se radicaliza en interpretaciones literales de la obra sagrada, en que grupos de individuos se suicidan para hallar el paraíso con visos de resistencia nacional, en que un religioso Hamas suplanta la antigua y revolucionaria lucha palestina, en que Osama bin Laden, apóstol de la muerte, predica la guerra y la abstinencia en el desierto mientras el Talibán afgano destruye, como Hitler, las muestras culturales de un arte "pagano", la lección de Averroes es cada vez más clara: una de amplitud, cordura, inteligencia crítica y razón. La interpretación profunda y oculta del verbo contra la imaginería, cristiana o musulmana, de los espíritus inferiores.


29/12/03
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 12/2003
Imagen: Averroes hablando a sus estudiantes sobre la elocuencia de Tomás de Aquino. Archivo Bettmann

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