21 de febrero de 2015

¡Mantete, Pintao!

ENCARNA MORÍN-.

Ante una situación difícil de superar, ella siempre repetía su socorrida frase “mantente, Pintao” como unas palabras de aliento y estímulo.

Un buen día quise saber algo más acerca del significado, así que ella misma me lo aclaró:

-Verás hija, recuerdo como si fuera ahora el momento en el que “seña Tomasa”, la vecina, estaba muy enfadada porque su gallina, la clueca, que había conseguido una camada de más de doce pollitos, tenía que ser testigo silencioso e impotente del malvado cernícalo. Una rapaz que cada día al peso del mediodía, acechaba para robarle uno de sus pollos.

 Seña Tomasa estaba a punto de claudicar, pues cuanto más lo acechaba, peor era. Pareciera que el astuto adivinaba el momento en que no había nadie por el huerto, y visto y no visto terminaba con uno de los pollitos entre sus garras, remontando el vuelo.

Pero un día, tuvo la feliz idea de atarles a todos con un cordel por una de sus patitas, con la idea de que si uno era fácil de levantar, no iba a poder llevarse a los ocho que quedaban aún a salvo de sus garras.

Claro que vino el cernícalo y tiró por uno de los pollos, elevando a la ristra por un momento. Casi todos estuvieron en el aire, solamente uno de ellos se mantenía anclado en el suelo. Ese era el Pintao llamado así por su plumaje matizado en distintos tonos.

Así que el cernícalo tiraba de su presa que no lograba izar del todo ya que el Pintao no terminaba de remontar el vuelo, y Tomasa corría como loca tratando de recuperar a su futuro gallinero. Al mismo tiempo gritaba:

-¡Mantente, Pintao, que si escapas quedas pa gallo!- Ya sabes hija que los machos terminaban todos en el caldero, y solo escapaba el que quedaba para gallo del gallinero-

Esa frase recurrente sirvió a mi madre en multitud de situaciones en la vida. Aún es el momento en que yo misma me sorprendo recurriendo a ella. Sabias palabras de nuestras madres y abuelas… la historia y el refranero  están llenos de ellas.

Indagando siempre más allá debemos suponer que el Pintao fue el gallo del gallinero, tal y como seña Tomasa había prometido. Se salvaron los pollitos, al menos en ese momento. Ha pasado mucho tiempo…tanto, que apenas si se escucha, como antaño, llamar a una persona mayor “seña” o “seño” como muestra de reconocimiento y respeto. Vestigios del castellano antiguo que durante siglos se han mantenido en las islas. Hasta que llegó la globalización arrasándolo todo. Incluso el cernícalo ha terminado siendo una especie protegida en peligro de extinción. 

Y aquí estamos mantenidos como el Pintao. O perecemos, o quedaremos para gallos.

Fotografía: Kristhóval Tacoronte.

3 comentarios:

  1. Eduardo Feinmann19/2/15

    Aterrizado, genuino, heredero muy digno de la mejor tradición prosística española.

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  2. Hermoso y narrativamente impecable. Abrazos, querida Encarna.

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