Recuerdos de la Marixu

GABRIEL PRACH -.

Cambios... 

Por una cuestión formal. De requisitos previos y/o posteriores inconscientemente olvidados en cierta relación de amistad, (que ya no es tal), con un sujeto de cuyo nombre no tengo la menor gana de acordarme. Me tengo que cambiar de casa. De pensión más bien que para lo otro no alcanza. Abandono la pieza que ocupaba en el segundo piso de la vieja casona. Y no es que no me gustara. En cierta forma me había acostumbrado a ella. A sus rincones mohosos, al papel mural a medio desprender, a las polillas, al crujir indeseable del piso, especialmente cuando la urgencia urinaria se desata en la madrugada. Ya me eran habituales los canturreos monótonos de las palomas y sus continuos escándalos, y por supuesto a los murciélagos y sus silbidos algo siniestros al lado de la ventana. Ésta última una decepción pues daba a los techos de un conventillo vecino. El calor veraniego capitalino me hacía dormir con ella abierta, pero en vez de frescura entraba un pandemónium de olores y ruido de los "vecinos" que opté por cerrarla y cagarme de calor en comparación. Así es que me voy de nuevo. Estoy en pleno proceso de búsqueda para la posterior mudanza y mi amiga intelectual, que para efectos identificatorios denominaré Marixu, insiste en que mi problema profundo es la identidad. Me falta el proceso lógico de hundir raíces en el lugar que ocupo. Me acusa de ser un paria del viento. Pretende definirme como un errante sujeto a las caprichosas ráfagas del destino. Todo esto supuestamente por decisión propia. Eres un huevón vagabundo me increpa. Confieso no tener mucho apego a las cosas que nominan nuestro quehacer diario, llámese hogar, casa, ciudad o patria. Y viéndolo desde afuera, comprendo la aprensión de los que me conocen. En cierta forma puedo ser un tipo inestable. Lo cual no significa que no esté seguro de lo que hago. Haciendo un alto en este punto, puedo elucubrar acerca de mi persistente dificultad en los procesos sociales comunes. Mi innegable timidez asociada a la absurda sensación de pasar casi siempre inadvertido, se han confabulado para hacerme un tanto inadaptado y sin ningún apego a los lugares por donde transito. La Marixu no comprende como puedo estar a punto de cumplir veinte años de casado. El amor nos hace libres le digo riendo y en respuesta recibo el pellizco correspondiente, mismo al que me tiene acostumbrado. Todo esto circunscrito en el marco de nuestras continuas conversaciones que se dan luego de que me presta su computador para traspasar algunos textos. Porque para que uds. sepan yo prefiero el lápiz y el papel, pero debo reconocer la invaluable ayuda que brinda el aparatito y que gracias a él pasa algo desapercibido mi cuasi analfabetismo, lo cual no es menor. A mi amiga la conocí de no muy buena forma. Un día que visitaba a un amigo que trabaja en el edificio de Endesa por aquí cerquita. Cuando salíamos en su auto, se aparece la Marixu en medio de un piquete que protestaba por la construcción de las represas en el sur. Nos bombardearon de huevos y afines mientras nos impedían el paso. Pasados unos minutos la ley se hizo presente y se la llevaron detenida, a lo cual supe más tarde, estaba bastante acostumbrada. La Marixu es comprometida con sus convicciones y muy aguerrida. Lidera el famoso piquete y está envuelta en un interminable listado de causas anárquicas. Ella es especialista en funas. Dispara a diestra y siniestra. No se le va ninguna. Tiene casi treinta y se ufana de haber estudiado algunos años de sociología en Valparaíso. Es bastante atractiva, pero dada su personalidad explosiva, concita poco interés en el sexo opuesto. Los hombres la rehuyen lo cual la tiene un tanto amargada. Nunca he sabido como es que vive. Sé que vende sus cosillas por aquí y por allá y que mantiene una pensión de una antigua relación. Así como se ve, pareciera no tener mayor estrechez económica, de hecho en nuestros encuentros es la que generalmente paga los cafés o los tragos según la ocasión y debo aceptar de su parte el que me diga que no me acostumbre demasiado, que no está dispuesta a soportar a ningún cafiche de mierda. Entonces es que me levanto haciéndome el dolido y la Marixu se traga su humor de perros y me pide que me siente. Pero no se disculpa. Eso jamás. En estos últimos días, dada la condición en la que me encuentro, mi amiga insiste en ofrecerme el cuartito que tiene desocupado detrás de su casa. El asunto me complica. Las llamadas reiteradas a mi teléfono implican cierta premura o intención desconocida. Hay algo que revolotea en cada sílaba de sus palabras. Mañana le digo definitivamente que no, por si las moscas.


Imagen: Amedeo Modigliani - La morena bonita

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4 Comentarios

  1. Marixu parece una dimensión mental del narrador, como en El club de la pelea. Es mi opinión. Muy bueno.

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  2. La amiga amante no debe pasar a ser pareja constante, se arruina la relacion y se quedaria solo, terriblemente solo.

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  3. El relato es muy bueno, sin lugar a dudas. Creo que describes tan bien a Marixu, que nos posicionamos a su favor. Este personaje dubitativo y temeroso no se merece una mujer con semejante arrojo. Ella es la verdadera protagonista de esta historia.

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  4. Anónimo27/4/15

    Me gusto la Marixu ... por cierto que es el diminutivo vasco de María :)

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