13 de marzo de 2015

Intima ofrenda


PABLO CINGOLANI -.

Vago por el monte, bailo con arenas, y si me astillo un pie, ¿qué haré?
Soy como el sol que siempre está arriba, o no sé
Soy flecha de chonta que siempre mata, que siempre matará sin dolor y sin pena, o no sé
Soy tacuara brava de azotar malvados ¿o qué seré?
Siempre y con sed, busco sal, busco a dios, huelo imanes entre las piedras, oigo cencerros en las quebradas, busco tumbas de tapires para honrarlas, rojas túnicas para vestirme, árboles donde vivan abejas o reinas o grillos

Vago por el bosque, duermo en hoscas cuevas, y si me quemo un pie, ¿qué haré?
¿Qué haré, qué diré, que dirá el viento encajonado, cuando el último chamán ya no respire?
¿Qué diré, qué haré, cuando mis pasos se olviden y las húmedas hojas ya no los tapicen?
Soy ballena y piraña que itinero los ríos con ardor, juego con la arena, y si me sangra un pie, ¿qué haré?

¿Qué haré, qué voy a hacer, que será de mí si el vino tibio de las cordilleras lejanas ya no pica, ya no grita, lo invoco y no me dice nada?
¿Qué cosa seré si el jaguar ya no ríe y la serpiente no lame horizontes?
¿Dónde enterraré mis dioses? ¿En cuál olvido? ¿En cuál tormenta?
¿Y si vuelvo, si regreso por mis pasos, por mis tucanes duendes, por mis ambaibos de soñar, dime, pero dime de verdad, los encontraré?
¿Será que siguen buscándome ellos también en las cabeceras, en las serranías?

Vago por la selva, danzo con la bruma, y si me amputo un pie, ¿qué haré?
Soy la hormiga buna más venenosa de todas, pero estoy sola en el medio de las pampas
Soy ese ruido de trueno que a veces guiaba, a veces conducía, a veces daba miedo
Soy esa agua de vertiente que dulce o salada siempre cantaba, inspiraba siempre
Soy el eco de las montañas

Vago por las honduras del mundo, enamoré a la nieve, y si me machetean un pie, ¿qué haré?
Soy un hombre sufriendo, sufriendo mucho, picado de víboras, abandonado y sangrante
Soy el dueño de las rayas y las anguilas pero ellas ya no están, se han escondido
Soy el cazador de amaneceres, devoción pura, pero hoy los cedros y los senderos se bifurcan, se extravían
Ya no veo a las tortugas entre tanto humo, ya no aguanto tanto dolor de no verlas, tanta ausencia de poesía

Soy el cazador, hablo con lunas, y ellas me dicen: resiste y yo no sé, no sé qué hacer
¿Qué haré, qué diré si los vivientes no celebran mi huella y se alejan de los caimanes y de las estrellas?
¿Qué diré, qué haré si ya no puedo abolir esa guerra que me mata porque ya no tengo fuerzas?
¿A dónde iré sin comer, sin beber, sin camino?
Soy la playa, soy el rayo, soy el cuerpo
Soy la voz, soy tus labios, soy el cerro
Soy el sur, soy realidad, soy Ese Ejja

Vago sin saber, y cantaré hasta morir, y sé que seguiré cantando después de muerto, pero si me astillan, me queman, me sangran, me amputan, me machetean un pie, dime, pero dime la verdad, dime: ¿qué haré? ¿Dónde voy a estar? ¿A quién clamaré?

Mi corazón se dilata con fe, con fe de arroyo, con fe de pueblo
Y me dicta al oído un lugar al que aún podemos llamar esperanza.


Imagen: Henri Rousseau

2 comentarios:

  1. Si te astillan, te sangran, te abren, saldrá tu voz cantando y regará la tierra y perfumará el aire

    ResponderEliminar
  2. Hermoso poema, un gusto leerlo!

    ResponderEliminar

*