19 de abril de 2015

Avenida República 517


ENCARNA MORÍN-.

Ayer estuve ahí, en la Avenida República de Santiago de Chile… ella me llevó de la mano sin proponérselo siquiera. En la sobremesa hablamos de los hijos, del pasado, de su país y de cómo fue que un buen día arribó en esta tierra, tan lejos de la suya propia. 

De pronto su memoria comenzó a lanzar recuerdos a borbotones. Hasta el tono de voz le cambió por completo.

-Justo me casé el 17 de septiembre de 1973, ocho días después del Golpe. No sabíamos que iba a pasar, si es que íbamos a poder casarnos o no, pero allá fuimos. Eso sí… sin celebración de ningún tipo por el toque de queda. Nos fuimos a casa no más.

Vivíamos en Avenida República, y seguimos allí en años sucesivos, con los chicos bien pequeños y aquella casa nuestra fue un poco de todo. Todavía nos da pena pasar delante de ella, ahora que ni siquiera nos pertenece. Por entonces no tuvimos tiempo para vivir tranquilos, por un motivo u otro. Lo peor de todo era lo que pasaba en el edificio de la esquina, un antigua casona que fuera universidad y que los milicos convirtieron en Cuartel general del CNI. Desde nuestra casa veíamos cosas. Lo más duro era en las noches. Los gritos de los torturados rompían el silencio. Desde entonces, tengo grabados en mi memoria los aullidos de dolor de las mujeres, tan distintos de los de los hombres, que a menudo clamaban por sus madres. Se escuchaban los alaridos desesperados en la noche, y no podíamos fingir que no pasaba nada. Carlos caminaba nervioso por la casa. Los chicos se despertaban preguntando qué pasa y teníamos que simular tranquilidad y mandarlos a dormir.

Desde entonces mi alma está rota. Una parte de ella quedó allá atrapada. Es aún la hora en que esos gritos de dolor  me atormentan. Me cuesta aceptar que yo estoy viva y ellos murieron tan malamente. El hijo de una gran amiga, un chico inteligente con tres carreras, fue torturado y arrojado a un basural con dos balazos. Pero respiraba y alguien escuchó sus quejidos. De allí lo pudieron salvar. Lo que nadie jamás le pudo devolver fue la lucidez. Quedó tocado para siempre. La madre le recuperó con vida, y aún es el día en que le tiene… pero ausente, dañado de cuerpo y alma.

Chile es un país que tiembla mucho. Uno de esos días en que se produjo el temblor, encontramos a la mañana, al salir de casa, los cadáveres de dos chicos de 14 y 13 años. Esa estampa está grabada dolorosamente en mis recuerdos porque además les conocía. Eran unos cabros tranquilos. El carabinero me mandó para otra calle. “Señora, desde la vuelta y vaya por otro lado” -me dijo rotundo-. Luego supimos que los pobres salieron en la noche del temblor, despavoridos, y el milico de turno les dio dos tiros a cada uno por el toque de queda. No eran capaces de distinguir que la cordillera también puede quejarse de vez en cuando.

Y no se trata de uno, ni dos, ni diez, los casos de amigos que fueron torturados cruelmente y desaparecidos. Para que luego vengan a decir que todo fue mentira. No lo fue en absoluto. Fue una etapa cruel y dolorosa en nuestras vidas, pretendiendo salir adelante en medio de tanto terror y tanto dolor. Nos marcó aquello para siempre. Nunca pudimos librarnos de tremendos golpes, aunque en ese momento no fuera nuestra propia carne la apaleada. Pasar delante del 517 de la avenida República, esquina Toesca, es vivir de nuevo aquel tormento.

Una vez tuvimos escondido en casa a un chico que estaban buscando para matarlo. Lo acogimos mientras le intentaban conseguir un pasaporte para que pudiera cruzar la frontera y escapar. Esos días se convirtieron en tres meses, hasta que una tarde tuvo la necesidad de salir a dar una vuelta a la calle. Carlos se enfadó mucho, porque todos nos pusimos en peligro, si a alguien le hubiera dado por seguirlo. Enfadado lo puso en conocimiento del partido y en unos días se fue de casa. Tuvimos al poco tiempo la noticia que estaba en Argentina. Yo entonces logré respirar tranquila.

Pablo Neruda no murió de tristeza, yo creo que también lo mataron durante el tiempo que estuvo hospitalizado. De su preciosa casa de Isla Negra se lo llevaron todo. En una vitrina estaba expuesto el frac que usó para recibir el premio Nobel. Y había muchos juguetes especiales, obras de arte, caracolas y conchas peculiares. Se lo robaron todo. Este es otro claro ejemplo de guerra sucia y fratricida.

Seguramente que las voces de los torturados, los desaparecidos, los apaleados, las mujeres violadas y las madres de ojos ensangrentados de tanto llorar…han hecho algo desde el más allá. Pero que conste que todo eso pasó. No fue mentira como algunos pretenden decir. - Llegado a este punto, optó por no decir nada más, aunque su cara de transmutó en una especie de lamento-

Tras este retorno  de mi amiga a su doloroso pasado, nos fuimos a dormir una hora más tarde. La lamparita de su dormitorio estuvo encendida hasta pasadas las doce de la noche. Estaba insomne. Yo quedé atrapada en aquella casona y los gritos de las mujeres torturadas me despertaron varias veces. Desde entonces mi alma inquieta no ha dejado de pensar en todos ellos. Por eso he decidido contar la historia de Cecilia, una chilena que vive en Gran Canaria con una gran herida abierta en su corazón, que por más que intente salir de aquel pasado, no puede. Hay unos gritos de dolor que se lo impiden.

Rehuimos hablar de estas atrocidades porque queremos ser felices y no sufrir. Sin embargo todos ellos, los injustamente vilipendiados en cualquier lugar de la tierra, necesitan que nuestra memoria no les ignore para que puedan descansar en paz.

Quizá ha llegado el momento de tirar mano de alguna de las reflexiones del gran Eduardo Galeano, quien en El manifiesto de "Los Pueblos contra la Tortura" hace afirmaciones muy lúcidas … “Dicen que la tortura es eficaz. Pero la tortura fue masivamente aplicada a centenares de miles de personas en Argelia, Vietnam y América Latina, y no impidió la derrota del poder colonial francés, ni salvó de la humillación al poder imperial norteamericano, ni evitó la caída de las dictaduras militares latinoamericanas..... 
...Esta máquina de picar carne humana no actúa para poner a los inocentes a salvo de las amenazas que los acechan, sino al revés: la tortura amenaza a los inocentes, porque en cualquier momento puede convertirlos en culpables mediante sus feroces tratamientos. No sirve para proteger a la población, sino para aterrorizarla. No sirve para arrancar información, sino que se aplica para evitar rebeldías, castigar herejías, humillar dignidades y sembrar el miedo."

Fotografía: Kristhóval Tacoronte

2 comentarios:

  1. Impecable narración sobre una terrible realidad.

    Abrazos,querida Encarna.

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    1. Mi amiga Cecilia se quedó una noche a dormir en casa, y por mucho que habíamos hablado de la represión en Chile en otras ocasiones, no pude percibirlo tan "en mi piel" como esta noche en la sobremesa.

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