20 de abril de 2015

La huella del Equipo Láser

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

Fetiches a perpetuidad. Gracias a un mercado persa, a una feria de las pulgas y a los galpones de tesoros usados. "Eran sólo unas copia mula de los personajes de la Guerra de las Galaxias", comentó mi amigo Fritz y discrepé de su juicio tan ligero. Lo insté a escuchar mi experiencia para hacerle comprender que fueron más que eso. Compañía multicolor para años difíciles. Cuando la indiferencia de la vecina de enfrente y la violencia callejera dolían en demasía y obligaban a una pausa dentro del hogar para curar heridas. Evasión cuando se crecía temiendo a la bayoneta y al fusil apuntando a las sienes de los mayores si osaban levantar la voz en contra del capataz uniformado. Fantasía al alcance de un hijo de la clase media –y fantasía muy digna, convengamos: invito a detenerse en las finas terminaciones del astronauta, del guerrero de casco y pistola, del gladiador de máscara, capa y sable al aire y de la tortuga hiperdesarrollada y de tenazas- para desvariar con aventuras en un muy particular espacio exterior de cartón piedra. Cuando la torre de alta tensión dinamitada por los insurgentes provocaba cortes de luz e invitaba a proyectar las figuras como sombras gigantes en las paredes, ayudado por una vela dentro de una palmatoria, ignorando la orden parental de acostarse de inmediato. Alternativa a los soldados, jeep, tanques, vaqueros, pieles rojas y caballos con sus historias agotadas y un tanto autoritarias. Más aún si los primeros andaban, de carne y hueso y a sus anchas, disparando a lo que se moviera, incluso debajo de las camas. Los de tamaño más pequeño se ocultaban dentro de los tarros de chocolate en polvo, cuando la higiene era sólo una quimera de la salubridad pública. Pero la colección preferida, y que ahora tengo enfrente, contaban con un porte mayor, la extensión entre el índice y el pulgar. Se canjeaban completando la palabra héroe con letras ocultas en las tapas de las bebidas gaseosas. Pasada la efervescencia comercial, se le podía encontrar en negocios de barrio y, a veces, coloreados en forma deplorable por un casero botado a artista. Hoy les recupero la huella. No ha sido fácil. Internet habla de una empresa mexicana de nombre Juguetimundo, colección “Galaxia Equipo Láser” ("Galaxy Laser Team" en su versión grinda), serie Cometa. Bolsitas con etiqueta y varios de ellos metidos dentro de éstas, diseminadas por otros rincones de América del Sur, en casas de otros niños tan fantasiosos como quien escribe. Prefiero conocer las miles de historias inspiradas por estos monos espaciales colorinches en voz de sus propios coleccionistas, en vez de aquello relacionado con su cadena productiva, cantinela de explotación tan vieja, conocida y verdadera como el rosario en el mes de María.

2 comentarios:

  1. La nostalgia juguetera, la mística infantil que nos envolvió en aquellos años de dictadura. Muy bueno, estimado amigo.

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  2. Nostalgia que trae a la memoria de quienes cuidábamos y protejíamos a nuestros hijos, como ellos, desde la fantasía infantil,lograban evadir aquellos años duros que bien describes Claudio.

    Un abrazo

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