20 de mayo de 2015

*El Insomnio de la carne*, de Jorge Muzam

RICARDO MENA -.


EL INSOMNIO DE LA CARNE
Sara Bell Editores, Santiago de Chile, 2012
por Jorge Muzam.

Este conjunto de relatos conforma un ciclo íntegro y orgánico. Quiere decirse que se trata de una novela compuesta de episodios narrativos de pequeña extensión y algún que otro ensayo puro; aunque desordenados temporalmente en diversos flashbacks, todos tienen un mismo centro tonal: diseccionar el sentido del acto sexual y el papel del amor en él para un narrador que ha pasado la mitad del camino de la vida. Para apoyar la narrativa, casi cada relato cuenta con un emblema o foto de alto contenido erótico. (La foto-emblema que preside el relato “Una propuesta poco ortodoxa,” en la página 51, serviría para ilustrar la definición médica de la palabra 'embolia' en la enciclopedia Larousse.)

En esta tragicomedia donjuanesca, el narrador nos alza el telón en su habitación: oscuridad, silencio, frío, vacío, el vacío de su enemiga y némesis que no es otra que su mujer Brenda, que duerme a su lado. Ecce homo. Este hombre, que está solo, que se ha equivocado en el pasado con su gran amor Amparo, al que no le gusta su trabajo de profesor de literatura, que no sabe qué sentido tiene la vida y el estado ruinoso del mundo que le rodea, cuyo matrimonio es un caos porque su mujer Brenda más que una mujer sensible es un andrógino frígido, se habla a sí mismo a esa hora oscura de la noche y se dice que tiene que imaginar y rememorar a Eros. Es una búsqueda del tiempo perdido narrada por un Bukowski chileno con rigor crítico y científico. Atentos.

Hay humor, aventuras, cinismo, viñetas molierescas, críticas certeras y agudas sobre literatura (no se pierdan cómo el narrador sabe identificar el mal que asola a Humbert Humbert) y un sinfín de peripecias amatorias en las que Ovidio ha sido despojado de su poesía y sus latinas hipocresías imperiales: todo queda embargado por un olor a boñiga de vaca durante el primer acto sexual del narrador (donde ha estado tumbada Amparo sin saberlo) que nos conduce, por un túnel largo y equívoco que es la obsesión por Amparo-Brenda, y tan aparentemente estrecho como el de Sábato, a la sorpresiva declaración central de la obra, que es “El Cotorreo de la especie.” Está en la página 87 y 88. No dejen de echarle una lectura. Porque el narrador, aquí, en vez de matar a Brenda, o pegarse un tiro o llorar y quejarse o culpar a Dios, nos explica lo que es la vida para él con la frialdad de un Richard Dawkins o un Charles Darwin. Su dogma es el del marqués de Sade, pero sin su sadismo; es el de Santayana, pero sin su lirismo; es el de Bukowski, pero sin su reduccionismo alcohólico y ludópata. El narrador, que es un profesor, nos imparte su única lección particular ahí en serio, sin bromas, y sin romanticismos. El sexo es el escenario y el amor la palabra-máscara del teatro del mundo. ¿Absurdo? Puede. Pero es que el narrador está en la corriente del existencialismo de Albert Camus, no en la de Unamuno o Kierkegaard.

Hay momentos memorables en esta obra, estelares, que te hacen soltar la carcajada: “Me olvidé el bikini,” dice la mujer en “Amor a orillas de un río.” El narrador nos susurra acto seguido en confidencia: “Me encogí de hombros. Ya me había sacado la polera y rozaba el agua con mis dedos.” Como a 'el Extranjero' de Camus, no hay que darle más importancia al cuerpo, ni al futuro, ni al sexo ni a la muerte. Si el tema común o el hilo conductor es el acto sexual a lo largo de la obra, y si ésta no acaba en tragedia sino en iluminación o aceptación; si en esta deliciosa y tragicómica “Danza de la Cópula” de Jorge Muzam nos queda una imagen al fin y al cabo, personalmente me quedo con la de un narrador al que, si bien aparece por primera vez ante mis ojos acostado, asustado y rememorando su pasado en la fría oscuridad, le veo saliendo de paseo con sus 'perras' que lo huelen y olfatean todo; que mueven la colita y se divierten con el simple acto de vivir, sin hipocresías ni engaños. Ellas y él pasean por el parque a esa hora fresca de la tarde, como Jehová hacía en su huerto del Edén. Verdadero emblema e imagen de la obra en su conjunto.


Publicado originalmente en LAS VIGILIAS DE POLIFEMO
http://www.lasvigiliasdepolifemo.com/2013/02/el-insomnio-de-la-carne-de-jorge-muzam.html

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