9 de junio de 2015

José Donoso: literario hasta la enfermedad

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

En alguna parte leí que José Donoso era el escritor más literario entre quienes componían el “boom” de la novela latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. En mi afán de perder el tiempo de una buena manera, le he dado vueltas en la cabeza a esta afirmación: ¿acaso el autor llevó una vida más literaria que Mario Vargas Llosa?, ¿tuvo un mayor compromiso con su quehacer que Carlos Fuentes?, ¿fue más parecido a sus personajes que Gabriel García Márquez?, ¿más prolífico que Julio Cortázar?, ¿más escéptico ante el cacareo revolucionario -y luego reaccionario- de Jorge Edwards?, ¿y más fiel que Ernesto Sábato a la máquina de escribir y a la hoja en blanco? Puedo que algunas de estas preguntas se respondan afirmativamente, pero ninguna, a mi juicio, satisface la duda central sobre la condición literaria de este chileno que internacionalizó novelísticamente nuestra bipolaridad, miserias y demonios.

Desde sus primeros escritos en inglés -su segunda lengua-, pasando por su incorporación a la antología de cuentos de la generación del 50 a petición de Enrique Lafourcade, su inclusión como primo cercano del "boom" latinoamericano -con un libro testimonio de por medio y el apoyo de la agente Carmen Balcells- hasta el Premio Nacional de Literatura de 1992, José Donoso siempre mantuvo intacta su vocación de escritor torturado. Y cómo no serlo con esas novelas y cuentos pobladas de ancianas aristócratas mandando desde sus sillones - trono o avanzando, bastón en mano, para sembrar el terror entre los suyos. Viejas criadas cojeando por pasillos o recluidas en catres antiguos y en piezas con olor a orina y humedad. Mansiones venidas a menos, pensiones de mala muerte, casas de reposos, claustros y orfanatos. Niños monstruosos en mundos paralelos o planeando apoderarse del hogar en ausencia de los padres. Por más que haya disfrutado la belleza en las diferentes manifestaciones del arte, Donoso reconocía que su creación siempre iba de la mano de la fealdad y el horror.

No podía hacer nada para evitarlo.


RESPIRO Y DEFORMACIONES

Entremedio de estos desgarros, el autor se tomaba ciertos “respiros” con narraciones con aires de comedia ambientadas en la España del ocaso del franquismo o bien sobre sus devaneos de escritor fracasado por el mundo, perspectiva que nunca abandonó del todo, pese a su éxito editorial. Él consideraba que todos los seres humanos cargan consigo una potencial derrota, por lo que resultaba mejor tenerlo asumido.

José Donoso también pasará a los anales de la literatura chilena como (de) formador de un grupo de escritores a través del taller literario que dirigió en los años ochenta, ya de regreso de España. Más que un sello, Donoso les entregó lecturas, oficio, directrices y opiniones. Con el delirio desatado en los últimos años por el (Roberto) bolañismo y las palabras ácidas del autor de “Los detectives salvajes” en contra de estos “donositos”, haber pertenecido a este taller ya parece más un prontuario que un motivo de orgullo para muchos de estos escritores.

Injusticias del mundillo literario.


CLASIFICACIONES

Para avalar lo que consideramos el compromiso “donosiano”, podemos referirnos a la clasificación de sus novelas, desde la primera de fines de los cincuenta hasta la última en los noventa, de acuerdo a sus brotes de úlcera, fobias, ataques de pánico, sesiones de psicoanálisis, efectos psicotrópicos, hechos que en las entrevistas el propio autor contaba con una mezcla de masoquismo, sadismo y orgullo. Su propia hija, Pilar Donoso, publicó recientemente una notable biografía sobre él donde, junto con relatar su grandeza y generosidad, no se ahorró detalles sobre la crueldad del creador con los suyos. Ante la invasión de chismes de parte de antiguos amigos del autor, qué mejor que sea la propia familia quien lave en público los trapos sucios.

Cuando hago el ejercicio de la trascendencia de un autor, pienso en los libros que le recomendaría a mi socio de blog, de gusto exigente y depurado. Para el caso de José Donoso, dejaría afuera todas sus obras de formación, de ejercicio y búsqueda y me quedaría con las fundamentales: “El lugar sin límites”, “El obsceno pájaro de la noche” y “Adonde van a dormir los elefantes”.

Con eso basta para la trascendencia, si es que eso importa. El mismo Donoso ponía en duda esta ambición al señalar que todo, absolutamente todo, terminará convertido en olvido, en bolsa de cachureo, en restos podridos del alma.

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