20 de julio de 2015

Brújula de porvenir

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

No se sabe qué es mejor. ¿Si una vida dentro de una sociedad de estructuras confiables, seguras, reconocidas por todos, o un mundo que oscila entre el mantenimiento de privilegios, desigualdades y el empeño de un horizonte de transformación rico en cambios y en la fe renovada en un ser humano distinto?

La experiencia colombiana de los años recientes, en los cuales el tema del conflicto armado ocupa las inquietudes y las ilusiones, el rechazo y las maldiciones, la indiferencia o el desconocimiento, de una población que en medio de circunstancias disímiles ha hecho la vida que les resulta posible, es de una riqueza insospechada.

Todo está en juego. La pobreza y la riqueza. La política y la ética. La economía y la justicia. Las artes y el sueño. Lo que seremos liberados de servidumbres, violencias, egoísmos, ambiciones que no soportan la muerte, apegos a la banalidad con precio y a lo pueril.

Entre los elementos de riqueza de la obstinada y plausible decisión del gobierno, poner fin mediante el diálogo, a esta infecunda y dolorosa irresponsabilidad de echarnos tiros sin piedad ni ganancia, cada vez más costosos, sobresalen varios para el mundo.

Muchos acuerdos de paz tuvieron el eje de un líder: Gandi, Mandela, el perspicaz irlandés. O impulsores poderosos como Luther King para esas batallas larvadas, sin tanques, de la discriminación.

El acuerdo colombiano tiene, sin duda, unos guías de un lado y del otro, y unos equipos admirables en su inteligencia, intuición y compromiso, en medio del berenjenal culebrero.

Como las sociedades cambian, hay sectores que se preguntan lo siguiente: ¿Así como la insurgencia está representada en sus comandantes, se puede decir que la sociedad civil colombiana está representada en quienes exploran, discuten, proponen, en La Habana?

Tiene dos facetas la pregunta-sospecha.

En ningún otro proceso de paz han tenido las víctimas presencia y reconocimiento. Y si aceptamos que un gobierno elegido es legítimo, es indudable que nos representa a todos. A quienes votamos por él, por otros y a quienes no votaron. Otro asunto será que tengamos el derecho a debatir sobre su éxito o su infortunio. Pero ello tendrá otro momento. La mentalidad nacional deformada por el exceso de leyes inútiles, plantea otra representación. Y si todos somos víctimas habrá que fundar un país.

Esta discrepancia advierte que los modelos de gobierno futuro, deberán o no, establecer una regla para resolver las pretensiones de los opositores, o de sus adeptos condicionados.

Sin volver al primer día de la creación, ¿a dónde confluimos?

A un tiempo de decisiones. Abrazo, respeto, tolerancia, por el otro, cada quién escoge. Y un Estado que además de la banderita, responda de una humilde escuela.

Ya veremos si los partidos sobreviven, si los jueces retornan a la razón, si somos capaces de ser todos y no uno.

2 comentarios:

  1. Hasta ahora hemos vivido en un intolerable mientras tanto. Lo más importante está por hacerse. Valiosas reflexiones, estimado Roberto. Saludos cordiales.

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  2. Sinceramente espero seamos politica y socialmente capaces de ser todos y unos para hacer de nuestros paìses un lugar digno donde vivir. Muy buen articulo, saludos.

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