14 de agosto de 2015

Entre las islas

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

No sé a quien se le debe: la constancia vence lo que la dicha no alcanza.

Su sentido exalta la virtud de la constancia. Algo no despreciable en un país que rinde culto a lo fácil, desprecia el esfuerzo. No es maldición divina, si una perversión en la cual intervienen las formas de corrupción y privilegios que minan la vida en sociedad y corroen las posibilidades de los logros virtuosos. No en balde se llamó, a los acumuladores de fortunas de un día para otro, mágicos. La magia de Aladino se convirtió en la acumulación del crimen. La varita mágica en la moto sierra.

Extraña por qué la sentencia contrapone el empecinamiento a la dicha. Como si la alegría no tuviera un poder transformador, una capacidad de avanzar.

Admiro lo que dura. La duración es un secreto del arte. La paciencia que lo lleva a atravesar las épocas, las tormentas.

Sin premeditar lo que se tocaba, en el pasado Seminario internacional de Estudios del Caribe, hice mi intervención en memoria de Óscar Collazos. Habíamos estado, él, Rómulo Bustos y yo, en las sesiones de clausura leyendo textos inéditos. El director del seminario, don Alfonso Múnera Cavadía al cerrar, invocó otras voces. Y con valor inconmovible dijo el número de años del seminario en su versión 12.

Recordé que conocí a Alfonso Múnera por el Seminario y por un libro. En este orden. Del Seminario supe otra vez cuando vivía en Viena. Volar a Cartagena de Indias superaba con creces los apacibles viajes en buses de metal, raudos, a Barranquilla, y buses de palo para ir al cementerio de Turbaco. Antes, leí un aparte de una novela ante un nutrido público en un auditorio de España con los comentarios agudos y perspicaces de Jorge García Usta.

Después, el libro. Lo leí con Eligio García Márquez, experto en cartageneridades, y compartimos un asombro de vigilia por El fracaso de la nación.

Por ese entonces el Seminario involucraba al noble rincón y él se vivificaba. Me conmovía ver a Enrique Grau de curador de muestras y de coordinador de discusiones con los críticos de las cuatro lenguas del Caribe en diálogo de reconocimiento. Y Antonio Benítez Rojo. Y Gustavo Bell Lemus. Y Carlos Rincón. Y las inolvidables Martha y Josefina Yances haciendo de la mesa un caldero y de las palabras vapor de hicotea para mostrar el fogón. Era todo un festival capaz de alegrar a la teoría, que falta nos hace.

La vida tienen hoy a Alfonso de líder de los Estados del Caribe. Asociación que fue fundada en Cartagena de indias.

Será posible, nos preguntamos, que ayudemos a la Universidad, como lo hace nuestro capitán Salas, para que Alfredo Guerrero y Cecilia cuelguen cuadros con Cogollo y Álvaro Restrepo dance y el sobrino de Pepina prenda el anafe, y tu y yo sintamos el viento que nos hermana y vuelvan los calypsos y el Haití de Anibal Noguera, y el país natal de Aimé y Nieves suene sus gaitas y Maya sacuda estrellas de la escoba ¿?

1 comentario:

  1. Siempre es un provechoso gusto leerlo, estimado Roberto.
    Saludos cordiales

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