22 de octubre de 2015

Abuelas de Plaza de Mayo: Al rescate de los nietos robados



GONZALO LEON -.

Hace poco más de un año, Estela de Carlotto, la querida y respetada líder de Abuelas de Plaza de Mayo, encontró a su nieto, Ignacio-Guido, y con esto ella se transformó en noticia, junto con anunciarla.

Estuvo aguardando casi cuarenta años y el día por fin llegó. Las consecuencias de ese encuentro fue plasmado por los periodistas Roberto Caballero y María Seoane en el libro El Nieto: la trágica y luminosa historia de Ignacio “Guido” Montoya Carlotto. Una de las tesis es precisamente que la tragedia y la felicidad tiñeron ese encuentro: “La certeza de la tragedia”, escriben los autores, “que vivió su familia a manos del terrorismo de Estado, y la felicidad por el reencuentro con los otros sobrevivientes, le llegaron juntas. El duelo y la fiesta no suelen ir de la mano. Esta vez, sin embargo, las paralelas del dolor y la alegría se cruzaron en un instante”. Ignacio o Guido era el nieto 114, pero no fue un nieto más.

Estela en sus días de trabajo en la sede de Abuelas, en el porteño barrio de Montserrat, no tiene tiempo. Vive viajando, dando charlas, transmitiendo la experiencia del “nunca más” y, lo más importante, procurando encontrar a los cuatrocientos nietos que faltan. Es el viernes anterior al lunes en que Estela daría a conocer que se había encontrado a la nieta 117. De ahí que la sede esté revolucionada. De todos modos ella se da tiempo para recordar el encuentro con su nieto, hace poco más de un año.

“Mi nieto es el 114 que encontramos con las Abuelas de la Plaza de Mayo. Yo estoy en esta institución hace 38 años y no buscaba a mi hija, porque mi hija fue asesinada y su cuerpo nos lo entregaron el mismo día que la mataron. Una cosa muy extraña porque los desaparecidos que están muertos siguen desaparecidos. Pero a ella me la entregaron. Hablé con un militar y le pedí que si la habían matado que me entregaran su cadáver para no volverme loca buscando por los cementerios en tumbas anónimas. De manera que al poco tiempo de haberme incorporado a Abuelas yo ya no buscaba a mi hija, buscaba solamente a mi nieto, y eso fue durante 38 años, pero no estaba directamente interesada en buscar a mi nieto, sino a todos los nietos, porque acá esto es una comunidad, una asociación, un grupo hermanado en una lucha. Ahora el tema conmigo fue que cuando yo cumplí 80 años me di cuenta de que ya estaba muy mayor, entonces le rogué a Dios no morirme sin abrazar a mi nieto, esto yo no sé si es circunstancia o casualidad, pero lo cierto es que el año pasado se produjo el encuentro”.

“LO QUE PASO EN ARGENTINA AFECTO A LA HUMANIDAD”

En el libro El Nieto a través de dos viajes, uno a El Vaticano y otro a Ecuador para reunirse con el presidente Correa, queda en evidencia que el encuentro no se trataba solo de un nieto y una abuela. Había algo más.

“Evidentemente él se encontró con una abuela distinta, una abuela dedicada en alma y cuerpo a la lucha de las Abuelas. No soy la abuelita que está todo el día en casa, sentadita, mirando televisión o tomando té con las amigas. Soy una abuela activista, que lucha con convicción y que no me satisface encontrar sólo a mi nieto: quiero encontrar a los que faltan y además seguir hablando de este tema, porque no se debe olvidar. Lo que pasó en Argentina afectó a la Humanidad y fue tan horrible, que no debe repetirse en ningún lugar del mundo. Por eso viajo muchísimo, yo no pido, me llaman, me convocan, lamentablemente no puedo ir a todos lados que me invitan, pero me llaman de lugares muy importantes, donde a veces siento miedo y pudor, porque soy una abuela y no una catedrática ni doctora en nada, simplemente soy mi experiencia, mi sentido común, mi raciocinio. Cuando me tocó, me encontré con una fuerza escondida que tenemos las mujeres cuando nos provocan. Y bueno, este nieto se encuentra con esa abuela. Mañana Guido va a saludar a la abuela que tiene en el sur y que cumple 93 años, ésa es la abuelita que está en casa tranquila, que hace vida de familia”.

¿Cómo evalúa el panorama de los derechos humanos en Latinoamérica, cuando los sectores más conservadores están intentando calificar a los llamados gobiernos populistas o progresistas de “poco democráticos”?

“Nosotros en Argentina, desde 1930 hemos tenido dictaduras; nací y me crié bajo dictaduras, y la gente no hacía nada. Nosotros en 1955 tuvimos una represión terrible de las Fuerzas Armadas contra un gobierno constitucional. Bombardearon la Plaza de Mayo y murieron miles de personas. ¿Y quién protestó? ¿Yo salí? No salí, tenía a mi hija Laura. ¿Quiénes salían? Los obreros y los estudiantes, las dos clases más comprometidas, el resto seguía como si nada. Claro, llegó esta última dictadura y nos agarró en otra edad y con una militancia latinoamericana muy fuerte, porque esto de haber dictaduras en todos los países fue un proyecto de la doctrina de Seguridad Nacional que nace del Pentágono y que se implementó en toda la región. Nuestros militares se formaron en la Escuela de las Américas para reprimir a su propio pueblo.

Ahora tenemos democracia en todos los países. Nadie tiene dictaduras; hay gobiernos democráticos, buenos o malos pero elegidos por el pueblo. Entonces esto es lo que cada país tiene que fortalecer: esa democracia que se ganó a costa de tanta sangre. En Argentina tenemos el periodo democrático más largo de nuestra historia. Tenemos que cuidarla, porque por la democracia dieron la vida nuestros hijos. Mi hija murió porque quería justicia social”.

Pese a ello hay críticas tanto a la militancia de los 70 como al gobierno actual...

“En Argentina se está practicando la justicia social. ¿En qué consiste? En que todos los argentinos puedan llegar a vivir bien, a tener una casa, a tener un trabajo, a que los hijos se eduquen, a que tengan momentos de ocio, entonces eso a mucha gente no le gusta. Esa gente es la que tiene mucho, son los pocos ricos que no quieren compartir su riqueza y que quieren ganar más a costa del hambre y de los demás. Como el gobierno está luchando contra eso, ahí vienen los ataques: de esa prensa monopólica y de esa gente de ideologías no humanas, y son los que dicen: ‘esto es como una dictadura’. Entonces uno tiene que refrescarles la memoria y preguntarles dónde estaban y qué hacían cuando estaba la dictadura. Esa gente, que no es la mayoría, puede decir que acá no hay democracia; hay democracia imperfecta, todavía falta, pero hay democracia”.

NADIE ESTA PREPARADO PARA LA MUERTE

¿Cuál es la evaluación que hace del respeto de los derechos humanos en los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández?

“Bueno, Néstor fue una sorpresa para nosotros que no lo conocíamos. Era un hombre del sur, era gobernador; cuando llegó fue una sorpresa muy agradable porque inmediatamente nos convocó, preguntó qué necesitábamos y empezamos a hacer lo que se debía haber hecho hace mucho: reparar el daño que hizo la dictadura, y desde entonces tanto Néstor como Cristina están reparando a la sociedad de los atropellos de esa dictadura cívico-militar. Y cómo lo han hecho: poniendo en su lugar y democratizando a las Fuerzas Armadas, repartiendo los bienes entre los que menos tienen a través de planes sociales de vivienda, de trabajo, ayudas para tratar de paliar el hambre, con reformas educativas de las que nosotras hemos sido parte para hablar de los temas inherentes a los derechos humanos, mediante reparaciones económicas a las víctimas, que el trabajo que dejó el padre desaparecido lo ocupe el hijo, de infinitas cosas que nunca nadie hizo antes, ni siquiera en otros países, donde ni han empezado a tener una comisión por la verdad”.

¿Cree que hay una diferencia fundamental entre Argentina y otros países en el respeto de los derechos humanos?

“En Chile no hay. En Uruguay está la ley de caducidad. En Paraguay destituyeron al Presidente elegido, y así. Por suerte podemos hablar de Bolivia, que con Evo Morales lo hay. Podemos hablar de Correa, en Ecuador, lo hay. Pero en Colombia están chapuceando por más de cincuenta años de luchas, en México con gobiernos constitucionales han desaparecido esos 43 estudiantes y hay miles de muertos. Este país es un ejemplo, por eso esta gente no nos quiere: quieren más muertos, el hambre no les importa mientras ganen plata. A esa gente lo que les duele es el bolsillo, no el corazón”.

¿Usted imagina a las Abuelas sin Estela de Carlotto?

“Nadie está preparado para la muerte, pero pienso que nadie es indispensable, todos tenemos reemplazo. Se han muerto muchas personas sabias y el mundo siguió andando. Yo no sembré sola, sembré con las Abuelas. Sola no hubiera podido hacer nada”.


Publicado en “Punto Final”, 9 de octubre de 2015

1 comentario:

  1. Estela de Carlotto, una eminencia de la lucha por la verdad y la justicia.

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