20 de diciembre de 2015

Contra la soberbia mesura


ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Avanzar en el diseño de la democracia será una de las tareas que se vienen. La oportunidad es noble: reconciliación. De nada valdrán desangres de letra, discursos de verbo inflamado en bandera, himno y pandereta; si insistimos en hacer leyes, organizar sistemas ingeniosos, que todos eludimos. Constituciones para ángeles, dice la leyenda, en cielo de corazones podridos.

Una postema que habrá que exprimir, es aquella de dura pus que las prácticas de la soberbia y su mancorna, la exclusión, han empotrado en muchos seres.

A lo mejor la natividad y la firma de los acuerdos para cerrar el conflicto armado, sean ocasión para referirse a formas de la expresión política desde la perspectiva humana, ética, moral.

La natividad del Dios de los cristianos, y ese atributo de los dioses, la omnipotencia, muestra cómo para acercarse a los humanos, asumieron los avatares de la igualdad con los hombres, el sufrimiento, y la duda. Lección de los límites de la autoridad, su canto solitario en el baño, cuando desconoce al otro.

Ejemplo: un Alcalde electo, de capital con perendengues de distrito, se refiere a programas de su antecesor. Sobra decir que son comprensibles las diferencias. No solo porque los ciudadanos votan por algo, o contra algo que detestan, modalidad interesante, sino por la dificultad de un mandatario local, cercano a su ciudad, de seguir el curso de la voluble voluntad humana, inconstante.

Hay asuntos gordos. Digamos el metro, aunque sea para no abandonar a Medellín. Los colombianos saben cuánto dinero se ha fugado por el sumidero de las ilusiones sometidas a la tecnocracia, internacional, por la capital del país que ahora es menos cachaca, o al decir de los viejos, cachuza.

La decisión de líneas y modalidad fue producto de expertos. El Alcalde electo responde una pregunta. Sin agua en la boca dice que las decisiones del metro fueron tomadas por un empleado de “tercer nivel” del instituto competente, y agrega, como si escribiera el guión de una comedia, “mientras se cepillaba los dientes”.

Descalificar por insulto es la intención del enamorado de sus buses rojos. Pensé que de ser cierto, el cepillo de los dientes estimula la invención en el cerebro y es un descubrimiento. ¿Y el tercer nivel? No basta con clases, estratos para introducir otro desprecio a los trabajadores. ¿En una administración pública, reglada, qué demonios quiere decir, tercer o cuarto o primer nivel? No hay diferencia con “Usted no sabe quien soy yo”. ¡Qué novedad!

Los cartageneros estamos curados. Obra fundamental fue el SENA. La soñó Rodolfo Tono. El ingenioso López decidió cambiarlo. Tono comprendió lo perecedero de los empeños humanos. Y se fue. Ejemplar para los loquitos de mi voluntad o la cagalera.

Calma pueblo.

Imagen: Servicio Nacional De Aprendizaje (SENA)

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