7 de diciembre de 2015

El viento

PABLO CINGOLANI -.
A Dana

Conozco al viento lamiendo las paredes de mi angustia. El peregrino, se agazapa y busca demoler los cuartos donde encerré mi decepción. Nada lo mece porque nadie más que él, es titán en su madriguera, su merecerte. Y si sopla, como un verdugo y su hacha, hará danzar botellas, brújulas, ángeles. Áspides, jengibres, llagas, flamas: demolición

Conozco de ayer su caricia de desechos abriles atriles agostos añejos túneles. Donde asistí sin precaver sin fasto a toda la pompa de la insinuación. Del mármol herido por el devenir frío de la siempre bendita devoración que feroz amigo/ ángel cautivo estampó en un libro, sutil devoción. Palabras que nadie bendice porque son silencios que todos ahuyentan con resignación. Silencios que nadie venera. Hoy

Conozco de memoria al viento, ese viento. Lamiéndome, acariciándome. Reptando buscando abolir los muelles donde nos laceran. Donde escriben venganzas y clepsidras ajándose tatuando mi cuerpo. Donde me naufragan en su imposible mar. Donde no podré renacer si no estoy muerto.


Soy invisible

               Soy viento


Viento de mañana que insiste en ser viento o acaso vendaval o tal vez nada. Porque duele la estepa vacunada de gozos y de taquicardia absurda. El recuerdo del placer y de la estufa, las sardinas que se agitan sobre el mantel. Y la voz ronca. Un reloj que nunca dice adiós. La memoria de una sangre en un verano siempre ausente, prohibido está

Viento de tarde que se demora y se angosta como un río que quiere arrasar una cordillera. Un pulpo que pretende diez manos diez virtudes diez azules diez melancólicas moradas. Diez noviembres sin cautivar. Una canción que vacila entre ser filo o abundar en la cueva. O un verano. Diez cuchillos. Donde nadie es feliz y todos tiritan

Viento de la noche, que sagrado y bendito por fin llegaste a mis dedos para que te escriba. Y digo: te conozco, lamiéndola fría a mi angustia agazapada. Liberándome de esa angustia que como berenjena se achicharra en bálsamo de Eva, bailando, como una perra —como Dana— que sin cuna, sin patria, busca amparo. Busca al destino. Busca calor.


Imagen: Escultura de Antony Gormley.

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