31 de enero de 2016

Sorpresas te da la vida

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

En una de las iluminaciones que recompensan a los buzos que enfrentan los límites de la razón, sus agotadoras exploraciones, Agamben soltó una idea que podría resultar fecunda. Dijo que el hombre europeo puede acceder a su verdad sólo a través de una confrontación con el pasado. Advirtió que es diferente para los asiáticos y los americanos, para ellos la Historia y el pasado tienen un significado muy diferente.

Esta poderosa intuición acompañó la lectura de Los desterrados del paraíso, el libro de Cartagena de Indias editado por Alberto Abello Vives y Javier Flórez con la Gobernación de Bolívar. Se trata de 16 asedios sobre raza, pobreza y cultura. Constituye uno de esos textos que desde la tapa anuncian su carácter de militancia, su designio de saldar cuentas con los artificios de la desigualdad. Quién sabe cuál intuición condujo a Ruby Rumié a ese graffiti encima del muro de las constancias de pensamiento. Sin duda potencia la ironía de considerar que hubo paraíso y así, paradojas, recuerda Los condenados de la tierra del médico.

Impresiona el surgimiento de un grupo de ensayistas, historiadores, que tomaron en serio la tarea de desentrañar el “significado diferente”. Lo hacen con admirable autonomía intelectual y con un lenguaje diáfano que seduce al lector por su precisión y por construir conceptos sin circunloquios.

Cómo no acompañar a las mujeres cartageneras de los años 40 relatadas por Isabel Cristina Ramírez Botero y las reflexiones que muestran un país más complejo que los tópicos del bipartidismo. Grau y el papa Guerrero, Lemaitre y Artel. La sombra de Cecilia Porras.

O el rescate de Cielo Patricia Puello y Sindy Cardona de aquella aventura juvenil que fue En tono menor donde hicieron vela de armas y consagración quienes hoy siguen corriendo de la primera a la tercera base: Jorge García Usta, Rómulo Bustos Aguirre, Alfonso Múnera Cavadía, Pedro Badrán Paduí y ese hermano que corretea hoy entre frailejones con el maestro Carrizosa para salvar el agua del planeta. Estudiantes todos que se fugaban a convencer a Cepeda Samudio o a escribir telegramas desde Valledupar para imprimir la revista.

Algo empieza a cambiar en el mundo cuando los jóvenes de ahora miran con fraterno rigor a los de ayer y reconocen con un guiño su batazo. Y siguen al bate, queda el recurso de la bola grande.

La propuesta de Paolo Solano es sugestiva y evidencia que comprender lo diferente es un avance en la transformación del presente. La participación que él destaca, de la población urbana y rural en los asuntos públicos en un siglo pasado, quizá aliente a los pedagogos requeridos una vez se firme el acuerdo de cese del conflicto para modificar la perversa criminalidad de vender el voto. Bloquea la voluntad del elector, lo inhibe por indiferencia de una participación en la vida de la comunidad.

Libro que hay que leer.

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