20 de marzo de 2016

Empezar a olvidar


PABLO CINGOLANI -.

La vida es más rápida que mi deseo de escribir, de escribirla. Tenía un blog. No tengo un blog hace años. Lo que si tengo son decenas de bitácoras: cuadernos y libretas que revientan de datos, nombres de seres humanos, bares, plantas, insectos, lugares, volcanes, hojas de ruta y de coca, mapas, mojones, fechas, poemas, circunstancias. Los papeles se apilan en mi biblioteca, agrietados por álbumes de fotos y por piedras –colecciono piedras y, más velocidad aún, cada piedra cuenta una historia, cada piedra me cuenta, recrudece y atiza una historia, pero que no escribo, no puedo escribir, porque una nueva piedra y una nueva historia corren delante de mí y me secuestran, arrojándome de nuevo al camino, al vacío de una nueva bitácora que empiezo a llenar: Copacabanita, Huachacalla, Chipaya, Sabaya, Coipasa. Al menos, anoté sus nombres. Ahora sé que ya puedo empezar a olvidarlos.

2 comentarios:

  1. Es buena idea aligerar la mochila cuando se es caminante como tú. Antes de olvidarlos, échale un ultimo vistazo a "Lazarillo de Ciegos Caminantes de Buenos Aires hasta..." ( s. XVIII); o de: "Ellos los pobres son ciegos, y las almas que aspiran a entrar por la vía de la perfección, también son ciegas, y necesitan una buena guía que las dirija" (Periquillo Sarniento, México, 1810?).

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  2. Leo con avidez todo lo que encuentro de ud. Todo es bienvenido! Eso si, siento pesar por lo que se queda en el cuaderno y no alcanza difusión, es mucho lo que se pierde!

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