12 de mayo de 2016

Más de lo que usted imagina

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.


Se lo dije aquella vez, me arrepentí y lo callé, y usted ahora me dice que también lo calló, lo omitió, lo ocultó, un coscorrón y a su pieza castigado por cochino, mire que adorar un alma por su cuerpo (de hoguera), más encima teniendo usted otro cuerpo y alma que adorar (y problematizar, conocer y estimar), y ahora que me aviva la cueca de nuevo, me encabrito, me siento, sino dichoso, al menos con una luz al final del camino, y persisto en la creencia que el sentir nunca se vuelve correcto, sino natural, carne de hombre finito, algo violento y bien madurado.

Repasar lo mismo de siempre, pero con un nuevo flanco, más desinhibido, menos pacato y moralina en que no creo (¿y usted?), realidad ambigua si lo quiere, es que junto con todo este tiempo, también hay atracción de cuerpo celeste, más de la que usted se imagina (es un decir), queriendo que los dos fuésemos sólo eso, dos en uno, sin distancias, sin teclados, ni señales caducas, sin barrotes, sin murallas, sin cercos electrificados, sin desiertos, sin cordilleras, fundidos sin nadie más que nosotros, un día tras otro, soñando despiertos, ayunando por horas, siendo ambos alimento recíproco, culposo, gastado, pajero, renovado, jugoso, pero alimento al fin.

Saboreándola cada día, tal como es, no como quiere ser, andina, indiana, salobre, cobriza, cruel, roja, morocha, invertida, deseada, amada, infiel, práctica, habilosa, obscena, celosa, vengativa, rencorosa, Molly Bloom, Nora Barnacle, Josie Bliss, Circe, viuda negra, bañada no por aguas tibias sino por mis propias manos (nada de jeroglíficos ordenados extraídos de botoncitos plásticos, sino carne en extrema crudeza), cuando sueña por las noches sin atreverse a desear, o haciéndolo y guardándolo para sí (para que algún día le explote en la cara y, en vez de llorar, grite de placer) y vaya a saber qué cosa se le pase por la mente al recordar a este cacharro viejo que tanto cree conocer, que disfrazada de señora bien el día de visita aguaitó, actuó, sopesó, tazó y no se decepcionó (para mi gran sorpresa), que percibió que todavía funciona (si lo duda, ahí tiene la dimensión de lo pudendo después de su jueguito digital), partiendo por hacerle una finta al tiempo que pasa y que, si no fuera por usted, el acto de vivir se volvería más doloroso, a ver si siente lo mismo o por último me va entendiendo lo que expreso detrás de los barrotes.

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