Territorialidad

PABLO CINGOLANI -.

Imaginen el espacio geográfico, el espacio mental, marcado al sur por el río Colorado, lazo líquido entre las provincias argentinas de La Pampa y Río Negro, donde la llanura pampeana comienza a oler a Patagonia; imaginen por el norte al portentoso río Abunà, límite arcifinio entre dos estados, el boliviano y el brasileño, en el corazón de la Amazonía continental, la selva más vasta del planeta entero. Imaginen ahora, por el este, a la ciudad de Buenos Aires, a orillas del río de La Plata, el estuario más ancho del mundo, llamado “mar dulce” por sus primeros visitantes ultramarinos, y por el oeste y por comodidad, imaginen otra ciudad: Puno, la urbe más importante del sur andino peruano, a orillas también de otro prodigio de la naturaleza, el lago Titikaka, el cuerpo de agua navegable más alto de la Tierra

Sigamos imaginando todo lo que dentro de ese tremendo ámbito espacial podemos ver o tocar, soñar o conjeturar: cactus, lapachos, colibríes, cordilleras, más ríos, más lagos, más ciudades. Una isla en el medio de la selva desde donde avistar cometas y estrellas en fuga hacia otras noches. Una pascana en el oasis de un desierto donde te puedes tomar un vino para refrescarte y otro más para el estribo. Un balcón entre una multitud de cerros donde alces la mirada y veas cóndores. Un cartel en el camino, cualquiera, donde dice que el destino queda en la dirección por donde vas anhelante

Hay también: alegría, silencios, coraje, injusticias, tenacidad, amaneceres, obstinación, fe, mucha fe, apachetas, oratorios, santuarios, más ríos, más lagos, más ciudades, una casera que te ofrece tamales en el mercado de Tupiza mientras vos vas escuchando las guitarras de Alfredo Domínguez, las vas escuchando con el corazón, como wayrurus que brillan en la huella y te van guiando, desde el Abuná hasta el río Colorado, desde los edificios de Buenos Aires hasta la plaza mayor de Puno, allí donde termina la raya, la raya que enlaza dos mundos, cuatro mundos: el quechua y el aymara, el mundo de arriba y el mundo de abajo: imaginen todas las piedras, todos los atardeceres, todos los árboles: imaginen, por un segundo pero imagínenlos, a todos los árboles vistos, los árboles amados, los árboles que se pierden en la distancia, en una curva, en una serranía de la travesía, tanta travesía

Todo eso, todo lo visto y lo no visto, lo tocado y lo que se escapó de tus manos, todo lo soñado y lo que aún vas a soñar, todas las heridas, las cicatrices, las sedes y las ebriedades, los soles propios, los soles ajenos, los zorros, los perros, los osos jucumaris, los helechos, las exploraciones, búsquedas, sosiegos, desasosiegos, paz, esperanzas, cerros y más cerros, peces, panes, peregrinos, dignidad, todo eso fue dándole forma, sentido, significado, alma, cuerpo, piel, ojos, nariz, razón, celebración, ausencia, presencia, soberanía, a una territorialidad, una territorialidad compartida, la territorialidad de mi amistad con Ricardo Solíz Alanes

Hoy almorzamos juntos. Carolina cocinó un arroz con pollo y con cúrcuma, riquísimo. Hoy reímos, recordando. Recordamos huaynos, septiembres, diciembres, calvarios, diablos, arrieros, rumbeadores, cazadores, poetas, magos. Hoy, lo volvimos a sentir. Hoy, lo escribo. Hoy, ahora, lo celebro en la quietud ensimismante de Río Abajo.


Pablo Cingolani
Río Abajo, 10 de mayo de 2016

Imagen: Cafayate. Noroeste argentino.

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