2 de julio de 2016

23 J, Jueves (1)

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Son varios los motivos que concitan el regocijo de nosotros los colombianos. El jueves 23 de junio se alcanzó el final del conflicto armado. A partir de aquí las diferencias quedarán sometidas a un conjunto de reglas convenidas y sancionadas que representan un cuadro normativo de rigor y derecho contemporáneo.

Herederos de una historia anclada en lo inconcluso, lo del Tibet latinoamericano, la ausencia de reformas agraria y urbana, la justicia pronta y cumplida, la educación integral de calidad para todos, no son bromas de cínicos. Constituían un ingrediente de frustración y tristeza que nos imponía un silencio avergonzado frente a los hijos y nietos que amamos y las mujeres que enamoramos.

Desde ese jueves contamos con un logro que modificará costumbres en un país donde los puentes no se terminaban, las carreteras se convertían en vías de litigios, y cada ley incorporaba su contraria para hacerla inaplicable.

De igual importancia es tener al frente un Mandatario que entiende cómo el prestigio, la credibilidad, son factores para gastarlos en los misterios de gobernar. Que mantener índices de aceptación, por encuestas, para exhibirlos en vitrinas de sombrerería, es un desperdicio y una frivolidad.

Haber firmado acuerdos con el 20% en las encuestas es una razón de orgullo. El 80% se lo abonó a Colombia.

El caballo desbocado de la historia a veces da vueltas para marcar paradojas.

En el excelente equipo de negociadores del gobierno, Sergio Jaramillo, cuenta entre sus ancestros a aquel Caro, hispanófilo y católico, que moderaba los arrestos de reformismo y aplaudía los de autoridad del hombre de El Cabrero.

María Ángela Holguín, en sus holguines , carga desmembramientos del territorio nacional.

Manes de la historia: reintegraron la vida nacional con un admirable talante liberal.

Para quienes entienden la función de las humanidades en las profesiones y en la comprensión de la compleja vida, tener en el equipo fundante de un diálogo, antes mudo, inexistente, a un poeta dadaísta y un filósofo experto en griego y de exquisito inglés, es un orgullo.

Admiración para los soldados. Sabían de dónde venían: combatientes sin zapatos, jinetes de a pelo, recibiendo en el pecho los vientos de cuchillo de páramos y cordilleras, detrás de la ilusión incomprendida de El Libertador.

El general Jorge Mora y el general Flórez tuvieron la inteligencia, la autoridad y la vieja caballerosidad de las armas para discernir el momento. Ya basta de armisticios de cartón. De una guerra que resuelve sus derrotas con más barbarie.

Los rostros femeninos que aparecían en la sombra discreta de las fotografías, aportaron el silencio de un lado y del otro. Atentas a huellas invisibles. Asesoras perspicaces, podían sentir el aleteo del ángel o la provocación del diablo.

2 comentarios:

  1. Felicidades por esta paz lograda. Que dure lo suficiente para regocijarse por muuucho tiempo.

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