8 de septiembre de 2016

Espejismo por encargo

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES .- 


Puedo recordar por ti, ahora que juegas a la señora olvidadiza, esa escarcha entumeciendo nuestra caminata de trasnoche. Mencionarte, por ejemplo, la luz interior de una casa rodante en medio del descampado, delante de los rieles de la maestranza de ferrocarriles, cuando nuestros párpados olvidaron por un momento la amenaza de venirse guarda abajo, secuelas de las horas de descontrol, sin una pisca de sueño, sorbos de ron barato, pedacitos filosos de hielo flotando sobre el vaso, profilácticos aplastados y tiesos como hoja de invierno, aprovechando el precio módico del hotel parejero, recomendación de un amigo tan necesitado como nosotros, cuando estaba con su amiguita, aquella tan parecida a ti que las confundí por la espalda y por eso debimos huir. “¿Estás seguro que esto no es un espejismo? “, me preguntaste. “Y qué si lo fuera, si total lo inventaste tú”, te respondí.

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