30 de noviembre de 2016

Entre la falta de agua y la de Fidel


PABLO CINGOLANI -.

Como decía don Federico: lo que no te mata, te fortalece.
Desde aquí, desde Bolivia, hay que agradecer a la vida, hay que agradecerle siempre a la vida, pero especialmente a estos momentos donde los sentimientos afloran a la superficie y se ven, con nitidez, las dos orillas del río.
De un lado, el pueblo, los pueblos.
Los que saben vivir, con agua, sin agua, y si hay agua, bien le cascaremos, y si no hay agua, bien aguantaremos. Porque, para empezar, parafraseando a don Cristo: no sólo de agua vive el hombre. Hay cerveza y hay singani, por si acaso alguien anda muy apurado en beber alguna cosa. Pero también hay otra cosa: hay dignidad.
La dignidad que tienen los pueblos, el pueblo, que sabe que hoy puede que falte el agua –porque hay sequía, porque hay algunas cosas que hay que ajustar en el gobierno popular- pero no jodan, mis queridos contreras, no habrá una nueva “guerra del agua” porque el pueblo sabe, porque no puede haberla, porque hoy el agua es del pueblo mismo, y no de las trasnacionales del agua, como fue el caso, esa vez, heroica, en Cochabamba.
Lo mismo pasa con Fidel, que ahora que ha partido, también nos falta (Fidel era como el agua. Nada podía detenerlo. El agua, sólo el agua es capaz de horadar las montañas. Así enfrentó al imperialismo, como sólo el agua podía hacerlo, cómo sólo Fidel supo hacerlo. Fidel era como el agua: vital, imprescindible, irremplazable).
Pero, vamos, a lo hecho, pecho y a no llorar, por el agua derramada y por la muerte de Fidel.
El  agua es nuestra, y ya arreglaremos lo que haya que arreglar y además la Pachamama proveerá, y a Fidel, a Fidel Castro, lo llevaremos siempre en el corazón, porque Fidel es nuestro, Fidel es del pueblo
Fidel es Maradona
Fidel es Evo
Fidel es montonero
Fidel es agua
Fidel es Cuba
Fidel es tuyo también
Fidel es de los pueblos.
Que se jodan los que no lo sienten así. Ese es el otro lado del río.
El de los amargados de siempre, los conservas, los que lloran por la democracia cuando hay más democracia que nunca, los que claman por Bolivia cuando Bolivia siempre les importó un carajo, los que no son capaces de aflojar en su amargura y reconocer que es mejor esta Bolivia que todas las anteriores porque esta Bolivia es la más viva y completa de todas: ahora estamos todos juntos, el pueblo y los contreras, conviviendo, de igual a igual, todos juntos.
Con agua o sin agua, con Fidel o sin Fidel, lo más importante de todo –por eso, luchamos- es por la felicidad del pueblo, es por la alegría en el rostro de los humildes, es por devolverles esa dignidad que es suya siempre porque la soberanía popular es la dignidad popular y, ahora, en Bolivia, hay más dignidad y más soberanía que nunca antes.
El agua, gota a gota, es capaz de demoler montañas. Es capaz de demostrarle a los poderosos que ellos, si nos unimos, si somos agua que fluye, agua combativa, podemos vencerlos en una y cien mil batallas. Ese es el ejemplo de Fidel, del Che, de Camilo, de Playa Girón, de todos y cada uno de los cubanos patriotas, como Martí, como (casi) todos los cubanos.
Los que celebraron la muerte del Caballo, del Comandante, de ese Fidel Eterno que agradeceremos siempre a la vida y a la historia, no saben lo que es la alegría, no saben lo que es la dignidad, no saben, ni siquiera, lo que es celebrar, como nosotros, de este lado del río, celebramos, ahora que se fue, la vida del que ha partido, esa vida donde Fidel se jugó entero, dijo primero Cuba, dijo primero mi pueblo, y se embarcó en el Granma y cambió la historia, la de Cuba, la del pueblo de Cuba, y también la de todos nosotros.
¿A ver si ustedes se animan a dejar todo atrás y hacer lo mismo que hizo Fidel por su patria y por su pueblo?
Gracias Fidel y gracias Pachamama por ponernos a prueba. En las crisis, en los momentos de duda, de zozobra, de incertidumbre, se ven los hombres y las mujeres: se ven los que luchan y se ven los que lloran.
Ustedes siempre van a llorar, nosotros siempre vamos a luchar.
Un río nos separa, y no es sólo de sangre: es de dignidad.
Un río siempre nos separará: es de amor. Al pueblo.
Ustedes siempre lo detestaron, lo usaron, lo humillaron.
 ¿Cómo es posible, quiero que me digan, que lo puedan amar?

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