29 de enero de 2017

Aviso de caminante



MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

…o vanitas vanitatis, o lo que gusten. Esa escena de las pulgas de Quintaou esta mañana, es la misma que se puede ver en cientos de mercados de pulgas a donde van a parar los derribos de los últimos domicilios y por tanto algo banal, habitual… “Los libros ya no valen nada”, es una de las frases que más se oyen, y la suele decir quien quiere comprarlos a pedo burra y venderlos (hipotéticamente) a doblón. Hay quien añade: “Ya nadie los quiere” “Hay que pagar para que se los lleven”. Los precios de esos mercadillos suelen ser irrisorios. Libros de derribo, muchos nuevos, sin señal alguna de haber sido leído, otros hechos trizas por las sucesivas cargas y descargas. Hay libros valiosos y libros que nada valían incluso el día que fueron puestos en la mesa de novedades. Por pura manía he rescatado una novela de Binet, que no es santo de mi devoción, nuevo; bueno, nuevo no del todo, se nota y mucho que la lectora –¿Por qué digo lectora? ¿Tal vez por el gesto medio desdeñoso de la vendedora?– se ha aburrido en la página 46, la enésima historia de las hermanas Mitfod, el Istanbul de Pamuk nuevo, poemas en Saint-John Perse en espléndida edición… Puro vicio o manía inexplicable (como todas). “Hoy no hay nada… como anunciaban lluvia”, me ha dicho un habitual de los mercadillos de la zona. He asistido al derribo y desbarate de varias bibliotecas espléndidas, y creo que con ellas se ha ido la historiaa y la memoria de quienes las formaron… y supongo que ese es el destino que le espera a la mía. ¿Me inquieta? A ratos, porque lo veo como algo inevitable. Mientras tanto seguiré disfrutando, al paso, de los que tengo y haciendo lo que en un catálogo he visto que llaman “ejemplar de trabajo”, y que cuestan mucho menos que los gastos de envío… es decir, subrayando donde me parece conveniente, porque total para qué, y aun así no renuncio al rebusco… Perucho me decía que él aspiraba a encontrar en alguno de aquellos libros al paso, la explicación al secreto de su propia vida, por mi parte con tomarlos como salvavidas o respiraderos o ventanas o por el placer de leer, sin más, me conformo… además, ahora la memoria me juega malas pasadas. Sé también que no podré leer todos los libros que tengo, algo que le oí decír con dolor, hace más de 4o años, a un señor mayor (que vete a saber si no sería más joven de lo que yo soy ahora, en una librería de viejo de la rue Saint-Sulpice… Y hasta la próxima, claro.


*Publicado originalmente en blog del autor Vivir de buena gana, 29/01/2017

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