Camembert y Cháteaux Margaux

Roberto Burgos Cantor

Los recientes resultados electorales de la Francia, en la primera vuelta, a lo mejor permitan consideraciones, alejadas, de las explicaciones repetidas con las cuales los modelos de la tradición tramitan sus sorpresas y aplauden sus victorias.
Algo empieza a ocurrir en el mundo al cual adherimos, por su ilusión de progreso, sus regímenes políticos, su historia y sus artes, que denota un cansancio irrecuperable, un alejamiento cada vez mayor del ideal que congregó.
Pareciera que la gente aburrida de las imágenes de lo público, los principios de la justicia, la fraternidad, la igualdad, diera la espalda. También el fastidio que ocasiona esa promiscuidad entre los discursos, de renovación y soluciones, y el enredo vulgar de los cinco pesos de privilegio repartidos con impudor, o las sumas incontables del soborno con las cuales se expropia la voluntad general, se compromete la autonomía, se escupe la decencia. Y la gente humilde con su cédula de pase para un sancocho, o una medicina que no han logrado obtener.
Así aparece la conmovedora y pícara historia que despierta un fervor sin dirección en los electores.
El joven candidato que lleva las de ganar en Francia destaca por algo que de alguna manera representa la mirada a lo íntimo. Sus ejecutorias como ministro poco importan. Sobresale el estudiante, casi adolescente, que se enamora con su maestra, años y años mayor que él y sobreviven en unión de amor. Es sabido que ese momento requiere conjunción de los astros. El inigualable esplendor de la mujer que esta a pocos pasos de una madurez espléndida, que sabe casi todo de la cama; y la rozagante juventud, sin definición entre las primeras inocencias y el destello de la maldad del mundo.
Me pregunto entonces, si aquello que los ciudadanos que votaron por el joven candidato, acaso, proponen que esa especie de niñez histórica, cohabite con la anciana República, le devuelva los fueros del deseo y la sonrisa. Ya no abuela si no amante que no teme al lobo.
Lectura semejante podía hacerse para la candidata que lo siguió en votación y competirá en la segunda vuelta. Defenestró al padre, viejo visitante del lecho de la anciana dama. Es atractiva una parricida sin arrepentimientos. Atrae a los jóvenes, olvidan a la madre.
Recordé al muchacho que ayudaba a mis padres como conductor. Un moreno de piel brillante, bigote delgado de cantante de boleros y pasos de bailarín de cabaret. Con una seriedad de vendedor de enciclopedias, a la sombra salpicada del jardín, sin nostalgia, me dijo: Aproveche estos años que ese largo vigor no vuelve más. Sonrió.
En las elecciones quedaron glorias antiguas, los partidos, las ideas sin realización, el eterno nunca llegar.
¿No será que la gente prefiere vivir lo posible, el pan, el techo, la educación y se marea con la altisonancia del pasado que rechaza.? Descubrir la joven amada.

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