25 de abril de 2017

Piñera, el estadista

Gonzalo León

Alcancé a disfrutar del gobierno de Sebastián Piñera sólo un año, desde su asunción hasta finales de abril de 2011, en ese tiempo las manifestaciones sociales fueron contadas: recuerdo el 1 de Mayo del 2010 al que fui en compañía de un pequeño grupo de escritores; la gente en la Alameda, convocada por la CUT, era exigua, tan exigua que Carabineros contabilizó dos mil. La cantidad pudo ser más, pero en ningún caso sobrepasar las diez mil personas, de hecho los efectivos de Carabineros se notaban, de ahí que pudieran cortar la manifestación y detener a los clásicos anarquistas que se ponían al final de las marchas.

Hubo un clima de “paz social”, como le gusta llamar a la inmovilidad social a la derecha, durante todo el año 2010 y parte del 2011. Pero las cosas empezaron a cambiar; el problema es que mis amigos y yo no lo notamos porque estábamos pendientes de los discursos del Presidente, especialmente cuando quería demostrar que sabía más de lo que realmente sabía y terminaba equivocándose terriblemente. Estas equivocaciones derivaron en una sección especial dedicada a él en un semanario. Mis amigos y yo pretendíamos que hubiera una oposición fuerte, como la que hubo durante la dictadura, con protestas, bombas molotov, desmanes, etcétera. Nos costó reconocer que el gobierno de Piñera no era ninguna dictadura, sino un gobierno liberal de derecha y, por sobre todo, democrático, que tenía silenciados a los elementos pinochetistas de la UDI por el bien del país.

Todos saben lo que vino a partir de mediados del 2011: las multitudinarias manifestaciones estudiantiles se caracterizaron por su originalidad y por su carácter familiar, donde los elementos violentos no tuvieron cabida. Pero tal como los elementos violentos no tuvieron cabida, tampoco ninguna clase de represión. Piñera quizá estaba preparado para otro tipo de protestas, no para éstas, pero pensó rápido y decidió aguantárselas, y creo que ahí radicó una de sus virtudes como Presidente. Piñera, y esto se lo reconozco con la distancia que dan los kilómetros y los años, supo gobernar con estas manifestaciones, pero también con una aprobación que en los tres últimos años de su mandato estuvo por debajo del 20%, es decir que por actuar como actuó perdió la aprobación incluso de algunos de sus partidarios, los más duros que esperaban una dura represión. Piñera no se desvió de su camino: planteó un gobierno liberal de derecha en campaña y eso fue lo que hizo. Lástima que ahora esté en otra.

Mauricio Macri, en cambio, planteó una campaña que dio la idea de que iba a parecerse mucho al gobierno de Piñera. De hecho los primeros meses, con la gente inmovilizada o en paz social, me hicieron pensar que su gobierno iba a ser el calco al de Piñera; sin embargo, transcurrido el tiempo empezaron a aparecer las diferencias, como el cuestionamiento de parte de funcionarios de su gobierno sobre la cifra de detenidos desaparecidos (en vez de treinta mil se empezó a hablar de ocho mil, pese a que el gobierno de Estados Unidos había desclasificado documentos que indicaban que los mismos militares argentinos habían reconocido veintidós mil hasta finales de los 70) pero además se produjo un ataque a los inmigrantes (bajo la excusa de que se dedican al comercio callejero que es ilegal), a los pobres (bajo la excusa de que son flojos y tienen que laburar para disminuir el déficit fiscal), a las mujeres (porque el feminismo es una forma de kirchnerismo y el kirchnerismo es el demonio), a los docentes (porque tienen que laburar). El gobierno de Macri está demostrando, a diferencia del de Piñera, que es un gobierno conservador de derecha, es decir que es como si gobernara la UDI en Chile. Macri como Presidente no tolera el disenso y por eso que las protestas sociales están siendo reprimidas y condenadas por los medios de comunicación afines, que en la práctica son casi todos.

Si en campaña Macri prometía un país donde todos pudieran manifestar sus opiniones, lo cierto es que en la práctica nada de eso ha ocurrido. Hay una torpeza en el gobierno de creer que porque la sociedad decidió a fines del 2015 correrse a la derecha toda la sociedad argentina piensa como un persona de derecha, y la verdad es que la democracia no funciona así: no se trata de que si yo gano las elecciones, el resto tendrá que pensar como yo y no contradecirme, porque las urnas así lo indicaron. Ni Cristina Fernández se atrevió a tanto. Cristina, al contrario, invitaba al disenso, a veces exageradamente, y “canchereaba” con eso. Hoy es difícil manifestarse contra Macri, a no ser que uno quiera quedarse sin trabajo, irse en cana o, en el mejor de los casos, ser apaleado por una policía que, a diferencia de la chilena, no está preparada para reprimir.

Dudo seriamente que Mauricio Macri pudiera seguir gobernando con manifestaciones y con la escasísima aprobación que tuvo Piñera durante tres años, no está preparado para eso, tampoco sus cuadros políticos lo están. En este sentido cabe hablar de Piñera, el estadista. Y es que cuando uno está lejos es capaz incluso de valorar un gobierno de derecha que pudo haber sido incompetente, pero al menos fue decente.


*Publicado en revista Punto Final y en el blog del autor (25/4/2017)

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