13 de mayo de 2017

Rumbo a no sé dónde

Miguel Sánchez-Ostiz

Este es el título de mi dietario del año 2015 que se publicará en unas semanas. Debería haber aparecido a comienzos del año pasado, pero se quedó en las puertas de la imprenta por diversos motivos: tuve dudas acerca de su contenido, se cruzaron asuntos extraliterarios, me faltaron ganas... yo qué sé, cualquier excusa es tan buena como insuficiente. Cuando menos su editor fue comprensivo y detuvo entonces la edición. Dudé del género, digamos, de esa gavilla de notas diarias que te enmascara más que te aclara. Bastaría ver las anotaciones más personales que han quedado fuera para comprobar que una cosa es un diario privado y otra un texto compuesto para su edición con la forma ya rutinaria del diario. Me disgustó esa dualidad. Lo explico al comienzo del dietario 2016. Philippe Murray decía en su Ultima necat que un diario que se precie debe ser póstumo. Es posible, pero también lo es que hay anotaciones diarias, bote prontos que tienen sentido en el momento de su escritura, no más tarde.

Seas o dejes de ser franco o con esa voluntad escribas, la escritura de un dietario destinado a la publicación no es más una puesta en escena, más ventajosa que otra cosa, por mucho que hables del tiempo que hace, que viene siendo borrascoso, o de cosas vistas y páginas leídas, y hasta de ti mismo en tu guarida. Casi sin proponértelo, queda fuera todo lo que puede perjudicar tu imagen o causarte un mínimo daño social por cuenta de tus opiniones a contrapelo.

A cierta edad el tiempo se te echa encima. No hay tiempo sería mejor decir, al margen de que, tal y como está la situación editorial, te juegas la existencia, algo que me importa cada día menos porque no depende de mí. De mi dependen los libros en los que trabajo, el dietario, las novelas, las crónicas (bolivianas ahora mismo), los poemas también, que han regresado no sé cómo. Es una suerte poder publicar ahora mismo ese dietario y una pena no haberlo hecho en su momento. Es de tontos escribir libros para meterlos en un cajón casi por capricho y no porque no te quede más remedio.


*Publicado originalmente en el blog del autor, Vivir de buena gana (13/5/2017)

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