3 de agosto de 2017

Mística y consecuencia

 
Pablo Cingolani
A todos los compañeros
 
 
¿De qué sirve la victoria
si no es para honrar
a los muertos
aquellos que con su valor
han sembrado el camino de la gloria?
¿De qué sirve la victoria
si no ampara a los huérfanos
a las viudas
a los desvalidos?
¿De qué sirve la victoria
si no estamos dispuestos
a seguir resistiendo
en su honor?
 
La victoria es un puñado de arena
se pisa firme, y se celebra
pero nada más.
La victoria es como el viento.
Tiene mucha fuerza
pero un día cesa. Deja de golpear.
La victoria es un faro.
Brilla y te guía a esos nuevos combates
que debes librar.
Si no estás dispuesto
a seguir dando batalla
¿Para qué vivir?
¿Para qué soñar?
Tú lo sabes, compañero
La peor batalla
no es la que se puede perder.
La peor batalla
es la que se elude, es la que no se siente.
La peor batalla
es la que ni siquiera se combate.
 
Entonces pues, a seguir peleando.
La gloria no es de los ganadores.
La gloria es de lo que no se rinden.
La fortuna premia a los audaces
siempre con más desafíos
siempre con más sacrificios
siempre con más combates.
Esa es la misión del guerrero
Su vida, su alegría, su fuerza.
Esa es la dicha del que lucha
Jamás rendirse, seguir la brega
hasta que el cuero quiebre
o la muerte nos agasaje
brindándonos sosiego y amparo
esa justa recompensa
y lo único que anhelamos para nosotros.
 
¿De qué sirve la victoria
si no es para hacer memoria
de nuestros compañeros caídos?
¿De qué sirve la victoria
si no atiza el fuego siempre presente
de nuestros mártires?
¿De qué sirve la victoria
si no estamos dispuestos
a seguir resistiendo
toda ausencia, cualquier injusticia?
 
La victoria es una extraña ave.
Vuela más alto que ninguna
pero por eso, vuela sola.
La victoria es un puñado de certezas
que se escurren
cuando vuelves a alzar la mirada
y ves de frente, de nuevo, el horizonte.
Allí hay algo que te espera.
Allí está la virtud, el amor, la gracia.
Allí late el destino.
Allí seguirá latiendo tu corazón.
Son las montañas de la resistencia.
Son los cauces de los ríos
donde siguen navegando
esas convicciones
que te hicieron sangrar
que te hicieron vencer.
La victoria es ese momento, es ese segundo
-cuando vences, cuando sabes que lo has hecho-
donde lo festejas, donde abrazas tus motivos
como abrazas a tus hijos
para luego volver a elevar tus ojos
y saber que aún no has terminado de vencer
que toda victoria es incompleta
que no está muerto quien pelea
y que la vida
simplemente
es eso.
Otro combate a librar.
Otra batalla donde morir
con ardor, en silencio
o volver a nacer
para buscar más ardores
más clamores, nunca treguas.
Otro morar
esa pasión
invencible.
Otro habitar
esa ilusión
reveladora.
Y el mismo
sacrificio
las mismas espinas
el dolor que ya conoces
y la voluntad
el fervor como diamante
en cada circunstancia
por toda una vida
con la decisión y la claridad
de siempre.
 
¿De qué sirve la victoria
dime
si no es para celebrarla
un día
y luego olvidarla?
¿De qué sirve la victoria
si no acuna nuevas batallas
nuevas pasiones, nuevos bríos?
¿De qué sirve la victoria
si no estamos dispuestos
a persistir en el barro y la tormenta
para volver a entonar la canción de los campamentos
y sentir en la piel la nieve y la herida de esa nieve
por renacer a cada paso y arreciar
ensanchando la huella?
 
¿De qué sirve la victoria
hermano, dime pero dímelo pronto
dímelo rápido, dímelo ahora
ahora que siento el olor feliz del triunfo
pero que ya me voy, ya me estoy yendo…
 
Las montañas me esperan
llenas de grietas y abismos.
Bellos combates se anuncian.
Tal vez la muerte me abrace
Tal vez la parca me lleve.
 
Más si juntos proseguimos
el camino que trazamos
si juntos nos unimos más
y cada vez más
en el mapa que creamos
-esa cartografía del alma compartida
que nos unió en el camino de la vida-
las montañas
las batallas
los dolores
las alegrías
serán nuestras
serán de todos
 
Esto es seguro:
si hay tragedia
-siempre puede acosar la pálida
no somos dioses
somos seres humanos-
la repartiremos entre nosotros.
El dolor compartido, acongoja
entristece
pero duele menos.
 
Esto es más que seguro:
si nuevas victorias nos suceden
las celebraremos juntos.
 
La victoria de uno, de nada sirve.
La victoria de muchos construye
tierra, futuro, pueblo, destino.
La victoria de muchos
no sabe de erial
no conoce sed
desmiente la angustia
y la soledad.
La victoria de muchos
provoca un desenlace
construye patria.
 
Sigamos todos juntos
desanudando ese sueño
el sueño del guerrero:
morir combatiendo
por un patria de muchos.
La de todos.
La Grande.
La que se pelea a diario
la del horizonte que no cede.
La de ustedes
sus hijos.
Ustedes
mis hermanos.
Ustedes
mis amigos.
Ustedes
mis compañeros.
 
Sigamos construyendo, unidos
ese anhelo.
Sigamos construyendo
eso que no se rinde
eso que no se rindió antes
eso por lo cual no nos rendimos
eso por lo que no nos rendiremos jamás
 
Sigamos construyendo
juntos
un destino
un desenlace
del destino
nuestro lugar en el mundo.
 
Sigamos
Construyendo
Una patria
 
La nuestra, la de todos.


Imagen: Antonio Berni

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