22 de noviembre de 2017

Redes sociales


Miguel Sánchez-Ostiz

John Carlin en una entrevista para El Periódico, acerca de Catalunya.

-En la era de las redes sociales, un periodista como John Carlin no tiene Twitter. ¿Por qué?

-Yo tuve Twitter hasta hace un año. Pero decidí que la vida es demasiado corta para invertir tiempo en lo que para mí no tiene ningún valor particular. Me dijeron que era bueno para promocionar mis artículos. Yo la verdad es que no lo vi. Consumía tiempo y te metes en peleas absurdas con gente desconocida. Me pareció una pérdida de tiempo total.

No sé lo que ha escrito Javier Pérez Andújar en un artículo sobre el cansancio o aburrimiento de las redes sociales, publicado en El viejo topo porque solo está anunciado.
A mí, como escritor, las redes sociales me han hecho ganar algunos amigos, conocer gente valiosa y enterarme de asuntos de los que, de otra manera, no me hubiese enterado, y para etsar en relación directa con gente que está lejos … y creo que perder mucho tiempo; no desde luego ganar lectores de mis libros o artículos –los textos de este blog incluso– porque lo que manda es el texto corto, cuanto más corto, mejor, y aquello que ya viene bendecido por el aplauso mediático mayoritario. Las herramientas informáticas de estadísticas no engañan.
A veces comparo las redes sociales con las nasas, ese arte de pesca en el que no sé si es o no sencillo que entre la presa, pero sí que tiene la salida imposibe. En las redes sucede algo parecido, no es imposible salir, pero sí difícil, que es peor. Tienes miedo a la inexistencia, a perder esas relaciones que te hacen creer que no vives tan aislado, tan fuera de todo, en una geografía cada día más difusa. Y es que mientras estás dentro, conectado, aplaudido, con me gustas y abrazos sinceros –y apoyos a mi trabajo que agradezco mucho–, tienes la existencia asegurada. Abducido. Desde luego para promocionar mi obra no me han servido. Desgastan y la capacida de atención y concentración necesaria para escribir novelas o textos complejos, se ve tocada. Te puede esa facilidad de la inmediatez y de la imagen y el comentario aforístico no siempre afortunado. Poco a poco vas perdiendo contacto con el libro y hasta con la calle. ¿Exagero? No creo. Y por lo que se refiere a los padecimientos públicos, raras veces reparas en que tus indignaciones justicieras no pasan de ser otra cosa que bulla o camorra de mentidero que tal y como se encienden, se apagan.
A propósito de apagar. ¿Los llamados «apagones digitales» son necesarios de cuando en cuando o pierdes con ello más de lo que ganas? ¿Qué pierdes? ¿Qué ganas? Cada cuál con su historia. No voy a responder por otro.
¿Y qué pasa cuando necesitas tiempo, más tiempo quiero decir para tus trabajos, y a la vez descansar de una agenda mediática que te acogota a diario? ¿A quién le cuentas que se te ha echado la vida encima y tienes pendiente mucho por hacer? ¿A quién que esa bronca diaria en la que llevas años participando de hoz y de coz te ha dejado baldado?

*Publicado originalmente en el blog del autor, Vivir de buena gana (22/11/2017)

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