29 de enero de 2018

Surrealismo de ayer y hoy

Aldo Alcota

Me llamo M. M. Estoy muerto desde 1973. En internet hay información sobre mí en inglés, francés y español. También hay varias fotos mías y aparezco acompañado por Simone Kahn, Man Ray, André Breton, Louis Aragon, André Masson y Robert Desnos. Hay otras donde estoy solo, de perfil, con una pipa. Tengo una nariz prominente y me gusta llevar el cabello bien engominado. Con algunos de mis amigos surrealistas hice cadáveres exquisitos. Dibujé y escribí mucho. Tuve obsesión con el automatismo y los desafíos que proponía a la pintura. Tengo un ojo salvaje. Mi apellido se desliza por un papel blanco. Me peleé con Breton y Bataille. Tuve un corto romance con Kiki de Montparnasse. No sé si en el futuro me seguirán estudiando en los colegios y universidades de Francia. Soy francés, aunque me hubiera gustado ser dominicano y beber ron todo el día en Santiago de los Caballeros. Posiblemente sea uno de esos escritores y artistas que se los traga el olvido, llevando un sello de marginalidad y malditismo.
Me llamo M. M. No tengo Facebook. No aparezco en la red. Soy adicto a la marihuana y al hachís. Soy fanático de las películas de terror. Mi vida es surrealista porque hablo con las plantas y los muebles. Tengo un sueño recurrente: trata que vivo en un país donde todos los habitantes tienen mi cara. No paro de comer. Cuando fumo mucha hierba me da un hambre terrible. El jueves pasado compré un congrio en la caleta y en su ojo derecho llevaba clavado un pequeño tornillo. Padezco sonambulismo y siempre intento estrangular a mi madrastra que duerme en la habitación de al lado. Ella despierta a tiempo e impide que cometa un crimen absurdo. Pero se cansó de mí y me echó de la casa. Ahora vivo en la indigencia. Vendo duraznos en conserva. Me los robo de un supermercado. Voy a la feria y los ofrezco a mil pesos. “Duraznos en conserva a luquita cabro”. A veces voy pidiendo dinero en las terrazas de los bares y restaurantes. Cuando me dicen “no tengo”, yo les respondo “no tengo tiene tres sílabas y chúpame el pico tiene seis”.
Me llamo M. M. Soy miembro del movimiento surrealista. Estoy vivito y coleando. Antes me gustaba salir a robar en las micros y me echaba mucha crema en las manos. Ahora estoy viejo. Me pongo vestidos coloridos y soy una muxe, con elegante gracia. Adoro a María Callas. Tengo una cicatriz arriba del labio superior, recuerdo de mis tiempos de cantante en Marsella. Soy fan de Dalida y me he escuchado todas sus canciones cuando los días están nublados. Dinero no me falta. Trato de viajar a Europa todos los años. 

Me llamo M. M., el indolente. Me encuentran en la nube. 

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