21 de marzo de 2018

De la incredulidad a la esperanza

Roberto Burgos Cantor

Hubo épocas durante las cuales los discursos de plaza, en los certámenes electorales, lograban buenas frases que emocionaban a los partidarios y permitían titulares en los periódicos.
Los pactos constitucionales apaciguaron las controversias ferales entre los dos partidos que llenaban las opciones políticas de los ciudadanos. Lucha sin cuartel por imponer una concepción del mundo. Entre alternancias, repartos, milimetrías, los pleitos se alejaron del dogma y llevaron su fuego a la codicia de los presupuestos y la asignación de los empleos.
Hubo logros, el sistema fue excluyendo a los nuevos partidos. Al no encontrar canales de participación se volvieron pasto de la violencia.
Los titulares de la prensa fueron sustituidos por escándalos, robos, trampas.
Ese espacio electoral restringido tuvo responsabilidad en la postura de rechazo o de indiferencia que se llama abstención. Es curioso que ésta creada la categoría del voto en blanco, y hasta ahora, no se haya desplazado allí, a su significación política.
Hoy, la cruda estadística de quién obtuvo más votos, no importa cómo, remplazó las ideas, las palabras.
Lo anterior constituye apretadas pinceladas, con omisiones, del tortuoso camino en la búsqueda de nuestro sistema. Es el antecedente de los resultados del domingo 11. Una gran parte de ellos fueron los previsibles: los herederos, los sustitutos, los dueños de feudos, los vendedores de su desespero.
No es ingenuidad, que es una virtud en extinción, rescatar de la gran mancha turbulenta motivos de ánimo esperanzado. Así: Antanas Mockus, símbolo moral de un país sin ética y su lista verde. La votación del hijo del profesor Asprilla, el joven Inti. Los votos del senador Robledo y su lista. A varios no les gusta por su obstinada radicaleza. Alguien que honra la lealtad a sus ideas, es confiable. Los más de quinientos mil de Caicedo en la ciudad realista del Caribe. Lo obtenido por María José Pizarro. El paso al senado de Angélica Lozano. Los de la decencia. ¿Será que esta irrupción de honestidad, ideas, compromiso con una comunidad posible, ayudarán a las Fuerzas del Común, a incorporarse al fragor de un país que ansía modificaciones virtuosas y necesarias? De conferencias en la selva bulliciosa a la algarabía de los micrófonos.

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